Jesse Klaver, la cara de la izquierda en Holanda

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Joven. Carismático. Idealista. Cercano. Jesse Klaver dio el grito de guerra esta noche delante de 5000 de sus seguidores. “Estamos contando la historia positiva de Holanda”. Gritó ante los suyos. Siempre quiso ser el John. F. Kennedy de los Países Bajos y con ese ímpetu luchó en los comicios neerlandeses, para poner en primer plano a su partido. El líder de la izquierda verde holandesa es el verdadero ganador de estas elecciones. Y con diferencia. Ha obtenido 10 escaños más de los que ya tenía.

A pesar de no haberse llevado ni el primer ni el segundo puesto de estas elecciones, el mensaje de su victoria es claro: en Holanda se busca la integración de los inmigrantes y las políticas sociales. En contra de todo lo que haya podido decir todos estos meses el ultraderechista Geert Wilders. Klaver (Roosendaal, 1986) se ha propuesto demostrar en las urnas que los holandeses siguen siendo tolerantes. Y lo ha hecho.

A sus 30 años, su carácter campechano y sus apariencias le han hecho ganarse el calificativo del ‘Trudeau’ holandés. “No vamos a acoger a todos los refugiados del mundo, porque es imposible, pero tampoco les vamos a dejar morir en el mar. Como Europa, debemos trabajar por encontrar una solución”, clamoóante sus partidarios.

Las paradojas sobre su persona hacen aún más interesante su victoria. Es hijo de un marroquí, precisamente aquella comunidad contra la que Wilders siempre predica. Creció en un barrio humilde, y recibió educación de sus abuelos. Su padre le abandonó de pequeño y eso le llevó a deshacerse hasta de su apellido, para usar Klaver, el de su madre de origen indonesio.

Ha logrado 14 escaños en el Parlamento, triplicando su representación actual. Y eso que a diferencia de sus contrincantes, Klaver es un recién nacido en la política holandesa. Heredó el liderazgo de GroenLinks en mayo de 2015. Y en 2010, concurrió en el puesto número siete de la lista de los verdes al Parlamento. Se convirtió entonces en portavoz de Asuntos Sociales, Empleo y Educación. Y ahí empezó sus andadas en La Haya.

Ese mismo año, su discurso le valió el título de “Talento político del año” entre los periodistas. Siempre con una sonrisa, contagia su liderazgo y sus ganas a sus compañeros.Tras la crisis del Gobierno en 2012, y la convocatoria de elecciones, los verdes lograron tan solo 4 escaños, la cifra justa para que Klaver pudiera seguir siendo diputado y empezar a ganar terreno de cara a los comicios de ayer.

Durante la pasada legislatura, este joven consiguió el favor de los holandeses al oponerse firmemente a la evasión de impuestos. Quería poner fin a la calificación de “paraíso fiscal” por la que algunos se acercan a los Países Bajos. Y durante las últimas tres semanas electorales, volvió a ganarse el ascenso gracias a su campaña antirracista, proeuropea y contra la ultraderecha.

Una de sus propuestas más comentadas fue la imposición de cuotas en el Parlamento. “No es aceptable que haya más hombres que mujeres representando este país”, advirtió, con los datos en la mano. La presencia femenina en estas elecciones ha brillado por su ausencia. La única mujer que ha liderado un partido es Sylvana Simons, una mujer negra que fue víctima de amenazas de muerte xenófobas. Es fundadora del partido DENK y también se propuso liderar la fuerza contra el antiislamismo de Wilders. Solo logró tres escaños, pero eso le sirve para entrar por primera vez en el parlamento.

¿Ser o no ser parte de la coalición?

Admirador fervoroso del ex presidente Barack Obama, ahora el joven de los verdes tiene delante una decisión vital: ¿Ser o no ser parte de la próxima coalición de gobierno? Su presencia como único partido de izquierdas en una posible formación de centro derechas podría acarrearle un castigo, similar al que han sufrido en estos comicios los laboristas del PvdA. Han gobernado con los liberales del VVD, y lo han pagado caro en las urnas: 29 escaños menos, de golpe. Klaver no quiere acabar así.

La otra alternativa es apostar por una oposición fuerte, en el lado opuesto a Wilders, claro. Seguir votando contra los planes antisociales durante los próximos cinco años, a la espera de hacerse hueco en los siguientes comicios. Pero no participar en el Gobierno puede suponerle también una caída en el olvido. No sería nada extraño. Muchos partidos del diverso panorama holandés han ido quedando en la nada, después de años opositando. Sin voz ni voto.

Este joven promesa, también conocido como ‘el Jessiah’ -el mesías holandés-, se ha convertido en el refugio de la tolerancia, amenazado por aquel hombre de pelo blanco, que calificó de “escoria” a los marroquíes, sus parientes, y que ahora permanece encerrado detrás de su cuenta de Twitter, donde seguramente se quedará la próxima legislatura.

Pase lo que pase con el futuro Gobierno, la versión holandesa de Trudeau tendrá siempre la oportunidad de promover la unidad nacional y social. “Hay una corriente en Holanda que tiene suficiente odio, miedo y división, queremos darles voz para buscar soluciones que nos unan, no que nos separen”, afirmó. Para él, Holanda es de “todos los holandeses que viven en ella”. Y el electorado le dio la razón.

Fuente: El Mundo

marzo 16, 2017