Carlos Herrera: “Las fuentes de una renovación deben ser buscadas en la propia tradición socialista democrática”

adios al proletario

Por: Fernando Suarez   –   Fuente: www.lavanguardiadigital.com.ar

Tras el lanzamiento de su último libro, ¿Adiós al proletariado?, Carlos Herrera conversó con LA VANGUARDIA sobre la historia y la actualidad del socialismo argentino. 

Carlos Miguel Herrera (Buenos Aires, 1966) reside desde hace más de dos décadas en Francia, pero intenta visitar su país natal más de una vez al año. Su impronta personal refleja tanto los aires parisinos en los que habita cotidianamente como su inconfundible ‘porteñismo’ de origen. También su carrera académica evidencia cierto mestizaje. Su formación de grado en Derecho fue entrando en relación con otras disciplinas, principalmente la Filosofía y la Historia. Su muy prolífica obra refleja esta multiplicidad de intereses, así como el fecundo diálogo inter-disciplinario que el autor propicia desde su propia perspectiva de análisis.

Herrera es autor y compilador de más de una veintena de títulos que van desde la teoría del derecho hasta la historia del socialismo argentino, pasando por la filosofía y la teoría política. Tampoco rehúye al debate público y a las actividades por fuera del ámbito propiamente académico, tanto en su país de residencia como en la Argentina. Sin ir más lejos, en su última visita a nuestro país se entrevistó con el actual presidente del Partido Socialista, Antonio Bonfatti, y con el gobernador de la provincia de Santa Fe, Miguel Lifschitz, además de presentar su último trabajo. A mediados de año volverá al país para coordinar su tradicional mesa en las XVI Jornadas Interescuelas de Historia que se realizarán en Mar del Plata del 9 al 11 de Agosto.

En su último y esperado libro, titulado ¿Adiós al proletariado? El Partido Socialista bajo el peronismo (1945-1955) (Imago Mundi, 2016), analiza el periplo de los socialistas durante el peronismo, desde una perspectiva original y plena de matices. Herrera allí evita tanto el relato panegírico como la descalificación mordaz, así como intenta desarmar esa hipótesis fuerte que asocia férreamente la crisis del PS argentino con la del surgimiento del peronismo. Sobre esto y muchos otros temas más, Carlos Herrera dialogó con LA VANGUARDIA.

El Partido Socialista actual está formado por un entramado que no coincide exactamente con la tradición que estudio, y eso hace también necesario conocer esa historia si no se quiere reconstruir una identidad en el vacío.

Teniendo en cuenta tu trayectoria profesional primero como abogado y, luego, como historiador ¿Cómo llegaste a interesarte por la Historia del PS? ¿Cómo se vincula con tus otras líneas de investigación, en especial con la teoría del Derecho?

En verdad, hubo una continuidad muy fuerte entre mis trabajos teóricos en el campo de la filosofía del derecho y mis estudios históricos sobre el socialismo argentino. De algún modo, todo mi labor es una reflexión, desde distintos ángulos, sobre lo político. En particular, el interés por la historia del PS venía precedido por mis trabajos sobre el pensamiento político y jurídico socialista, en un primer momento europeo, sobre todo alemán y francés. De allí surgieron mis primeras investigaciones sobre el socialismo argentino, que rápidamente se prolongaron de la historia de las ideas a la historia política.

Creo que la vinculación es más fuerte aún, porque en teoría del derecho he defendido un enfoque ligado a la historia de los conceptos, y trabajo sobre un conjunto de temáticas que se inscriben en lo que podemos identificar como el intersticio entre el derecho y la política, y que dan nacimiento a lo que he llamado en algunos trabajos las teorías jurídicas de lo político.

Específicamente ¿Cuáles han sido tus principales temas de investigación y -ligado a ello- tus publicaciones más relevantes?

Supongo que la pregunta se refiere a un radio extra-argentino, donde me intereso también por el problema de las recepciones trasatlánticas. Me interesé mucho por 41w8604qvmlidentificar las corrientes que propusieron, desde el derecho, un cambio social. He publicado muchos trabajos sobre el tema, ya sea sobre el modo de intervención de los
profesores socialistas en Francia, según las épocas, o sobre los conceptos y las teorías de lo que se llamó el socialismo jurídico. También me interesó mucho la experiencia de los pensadores socialistas alemanes, como se recepcionaron ciertos conceptos generales, como Constitución o Estado de derecho. Algunos de estos trabajos fueron reunidos en un primer libro con un título ocurrente: Droit et gauche (Derecho e izquierda). Otro volumen, publicado directamente en español, analizaba la relación entre Derecho y socialismo en el pensamiento jurídico (Bogotá). De manera general, me detuve mucho en la historia del pensamiento jurídico europeo, sobre todo en dos momentos claves, de la historia europea, que van de la segunda mitad del siglo XIX a las primeras décadas del siglo XX.  Dentro de este período tan rico del siglo XX, publiqué varios estudios y libros sobre algunos autores claves como Raymond Saleilles, Léon Duguit, Maurice Hauriou, Hans Kelsen, Gustav Radbruch, Hermann Heller, Carl Schmitt, entre otros.

Asimismo, abordé otros campos. El primero fue el de los derechos sociales, donde analicé tanto la historia como cuestiones ligadas a la teoría y a su eficacia jurídico-positiva. Han salido aquí librolos-derechos-sociales-entre-estado-y-doctrina-juridicas en francés (Les droits sociaux, Paris, Puf) y en español, en Colombia (Los derechos sociales, entre Estado y doctrina jurídica, Bogotá). El segundo se refiere a la significación del constitucionalismo, hoy y ayer. Edité un libro sobre la reciente experiencia latinoamericana (Le constitutionnalisme latino-américain aujourd’hui : entre renouveau juridique et essor démocratique ? Paris, 2015,), y debe salir a fin de año un libro de síntesis en español, de discusión teórica, con el título –espero definitivo– Confines del constitucionalismo. Aquí me interesa muy particularmente la relación entre orden constitucional y democracia, que ya era el tema de una obra colectiva que co-dirigí (La démocratie, entre multiplication des droits et contre-pouvoirs sociaux, París), como en un plano más latinoamericano, entre populismo y derechos.

Finalmente, aliento desde tiempo atrás una reflexión epistemológica sobre la relación entre el derecho y las ciencias sociales. El año pasado salió un libro que escribimos con cuatro colegas y amigos: L’analyse juridique de (x). Le droit parmi les sciences sociales (Paris, 2016). Esta preocupación se venía expresando desde hace mucho, ya sea con respecto a la historia jurídica (de la que da cuenta un libro colectivo que titulamos Comment écrit-on l’histoire constitutionnelle? (Paris 2008), como a las posibilidad de una teoría crítica del derecho.

Es posible considerar en tu caso que hacés una “historiografía socialista” sobre el socialismo –pensando en las discusiones propuestas por Omar Acha al respecto–. ¿Cómo se puede vincular la historiografía académica actual con la historiografía partidaria y revisionista de otrora?

Confieso que para mí es una cuestión abierta. No sé si tengo una respuesta definitiva. Por lo pronto, al menos con respecto a la inscripción de mi propio trabajo, creo que hay que distinguir dos perspectivas, una histórica y la otra abstracta. La primera toca a la historiografía socialista argentina como corriente, tal como Omar Acha la ha reconstruido, y donde se insiste sobre el peso del relato democratizador, de progreso. Si la filiación con esta corriente supone aceptar esa trama, creo que mi trabajo más bien se aleja, casi diría conscientemente, de ella, ya que el punto de partida metodológico de mis investigaciones ha consistido en insistir en los elementos de ruptura, de discontinuidades, de sus aporías. En la medida que nuestras preguntas parten siempre de un presente, creo que de manera general, la historiografía académica se ha alejado de aquella forma partidaria, aunque más no sea porque el PS no ocupa en la Argentina el mismo lugar que aquel, y sus dirigentes no tiene el prestigio intelectual de un Justo o, en otro plano, de un José Luis Romero.

Queda la otra faceta, que la liga una historiografía socialista a lo que Max Weber llamaba la relación a los valores del investigador, la Wertbeziehung. Y aquí se abre un horizonte más rico.

Había que asumir que el ghioldismo es parte de la cultura del socialismo argentino.

¿Cómo surge y qué objetivos tiene la RESA (Red de Estudios sobre el Socialismo Argentino)? ¿Cómo considerás que ha avanzado la historiografía sobre el socialismo en Argentina desde el libro que compilaste junto a Hernán Camarero (2005)? ¿Cuáles son las líneas de investigación que faltaría explorar?

Surgió, tras muchos cafés con Ricky Martínez Mazzola, al constatar que nuestras jornadas sobre el PS en el 2004 habían significado un impulso muy fuerte entre los jóvenes investigadores, que habían tomado incluso algunas de las hipótesis que habíamos lanzado en aquel libro, y que se expresaban, por ejemplo, en el gran interés que concitaba la mesa de historia de la izquierda que organizamos con Hernán Camarero en las sucesivas Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. La RESA, y este es uno de sus objetivos, busca potenciar ese movimiento, organizando jornadas y paneles, reuniendo y haciendo circular información, buscando incentivar los debates metodológicos. Sus actividades, bastante abundantes para su corta vida (llevamos organizadas desde 2014, 10 reuniones, incluyendo una jornada por el 150 aniversario del nacimiento de Juan B. Justo, y sus propias jornadas nacionales, que tendrán un ritmo bi-anual), han sido la ocasión para reunir, sin distingos, a jóvenes y experimentados historiadores. Sus jornadas nacionales, el año pasado, tuvieron incluso una fuerte participación de investigadores de muchos lugares del país (Córdoba, Santa Fe, La Pampa, La Plata, Bahía Blanca, Mar del Plata) , en un marco de discusión muy plural. Espero que las segundas se puedan organizar fuera de la Capital, para continuar con este impulso.

En estos años, el avance de la historiografía sobre el socialismo argentino es enorme, si se piensa que aquel libro de 2005 era prácticamente la primera expresión académica de la investigación sobre el PS. Los trabajos universitarios (tesis, artículos) se han multiplicado, en campos como la historia cultural pero también han llevado a una renovaci413364g0ón en la historia del movimiento obrero, y ni hablar de la historia política o la historia intelectual.

Hay numerosas líneas a desarrollar y pienso en tres principalmente, que tocan a mi agenda personal de investigador. El primer tópico tiene que ver con las problemáticas de género, donde por ahora tenemos pocos trabajos y muy parciales. También se debe ahondar aún más sobre el socialismo en otros ámbitos que el capitalino, aunque aquí ya hay un impulso más grande de los investigadores del interior. Otro campo importante es el de la historia comparada de los socialismos, en varias escalas, en la que yo mismo me estoy involucrando cada vez más.

Ya que tu formación académica se inició en Argentina y continuó en Francia, ¿qué perspectivas historiográficas te aporta el transitar esos dos espacios de forma recurrente? ¿La historia del socialismo, que se pensó como un movimiento internacional, se ve enriquecida por una forma de abordaje que tenga en cuenta precisamente temas y problemas que trascienden las fronteras académicas nacionales?

La posibilidad de trabajar en dos tradiciones historiográficas, bastante distintas en verdad, representa indudablemente una riqueza para mí. De hecho, se podría decir incluso que se complementan, porque en uno de los lugares, la historia del socialismo está muy consolidada como temática, con gran variedad de investigaciones desde hace más de 50 años, mientras que en el otro, los debates historiográficos, sobre todo en clave extra-nacional, están más presentes y redundan en la renovación de las temáticas, que no se encierran en la historia política.

Indudablemente, la historia del socialismo se ve siempre muy enriquecida por una perspectiva transnacional, porque al descentrarla de un ángulo nacional, hace en particular más compleja toda historia política.

La historiografía (y la política, aunque esto se trata después) ha marcado al peronismo como un punto crítico en la historia del socialismo ¿Cuál es tu perspectiva al respecto en ¿Adiós al proletariado? El Partido Socialista bajo el peronismo (1945-1955) ¿En que acuerda y en qué se diferencia con otras interpretaciones?

El libro ha pretendido innovar, tanto en lo que hace a la mirada historiográfica, como a las unnamed-1hipótesis sobre esa crisis. Con respecto a lo primero, mi trabajo busca sacar esa historia de la historia del antipero-nismo, que acompaño al gran impulso que recibió en las dos últimas décadas la historia del peronismo, para encararla como un capítulo específico de la historia del PS. Esto incluye una visión del socialismo como identidad política que no se encierra en una perspectiva institucional, lo que lleva a explorar también las disidencias, las oposicio-nes a la línea que termina por predominar.

La segunda innovación que quisiera subrayar tiene que ver con una lectura más larga de la “crisis”, que para mí se remonta a la muerte de Juan B. Justo y un modelo de acción política que no logra ser actualizado en los años 1930 por el nuevo núcleo dirigente. La crisis de los años 1945-1955 –1958 en verdad– presenta rasgos propios, pero sus causas se remontan a la segunda mitad de los años ‘30.

Al mismo tiempo, me parecía importante mostrar que esa historia fue compleja, menos uniforme que lo que sostuvo un relato muy acendrado. Esto supone también distinguir ámbitos distintos de acción: no es lo mismo reconstruir esa historia en el plano sindical, donde, de hecho, el socialismo tuvo una presencia más fuerte de lo que se sostuvo a menudo, incluso en el campo académico, que en el ámbito cooperativo.

Algunos autores observan cierta continuidad entre la –supuesta- incomprensión justista del radicalismo con la lectura respecto al peronismo. Desde tu visión: ¿Cómo se vinculan la “Hipótesis de Justo” –propuesta por autores clásicos, como Aricó y, en menor medida, Portantiero- con la por vos propuesta “Hipótesis de Ghioldi”?

Una vez que se determina que el estatuto de ambas hipótesis es diferente, se pueden hallar sin duda elementos de continuidad, porque la hipótesis de Justo conllevaba un modelo de acción política que no sólo se mantiene en la década del ’40 –aunque muestre fisuras, tanto en el terreno político como en el terreno sindical–, sino que facilita más
tarde la caracterización del peronismo como totalitarismo en Ghioldi. En esa visión que termina por imponerse en el Partido, el peronismo aparece como un “accidente”, o al menos una “interrupción”, tanto en lo que hace a la evolución del mundo después de la Segunda guerra mundial como al devenir del país. Pero allí también reside la diferencia de fondo: para Justo, el país que surgía a finales del siglo XIX se había transformado, un elemento que entra más tardíamente, y, sobre todo, con signo negativo, en la perspectiva ghioldista.

Por otro lado, tendería a relativizar un poco una línea de continuidad que iría del yrigoyenismo al peronismo, en términos de incomprensión de lo nacional-popular, como lo pretendió cierta tradición ensayística. Ciertamente, hay elementos, e incluso retóricas comunes en el rechazo de ambos fenómenos. Pero el peronismo, por su tipo de intervención en el movimiento obrero, por su aparición súbita, y, claro está, por su cultura institucional, representó un desafío mucho más grande para el socialismo. Por eso también su interpretación tuvo consecuencias más graves para su existencia como proyecto político.

El peronismo, por su tipo de intervención en el movimiento obrero, por su aparición súbita, y, claro está, por su cultura institucional, representó un desafío mucho más grande para el socialismo.

En tu libro se observa un esfuerzo para reconocer la estatura de Américo Ghioldi como dirigente y polemista ¿Creés que su figura ha sido víctima de cierta caricaturización a raíz de su posición frente al peronismo y a la última dictadura? ¿Por qué considerás que su figura ha quedado desdibujada tanto en la historiografía académica como en las visiones partidarias?

Ghioldi, como todo gran dirigente político, es una figura compleja, aunque él hizo bastante para alentar la caricatura, sobre todo en los últimos años de su vida. Con todo, se puede reconocer una gran coherencia en el devenir de su liderazgo, aunque el final pueda parecer trágico, encerrado en el revanchismo que se expresa en 1956 y la colaboración con la dictadura militar 20 años más tarde. Me sorprendió, con todo, que la historiografía no lo hubiera tomado en serio hasta mis primeros trabajos. Cuando me dispuse a abordarlo encontré que presentaba algunas aristas muy ocultadas, que hacían necesariamente el juicio mucho menos simple. Por lo pronto, sus talentos variados, su capacidad de trabajo hacían de él un verdadero “cuadro”, con todo lo que ello implica, tanto en el plano intelectual, como organizativo, incluyendo una importante dosis del coraje personal. Y aunque en política, a diferencia de la academia, uno puede elegir rechazar o contornear un componente de la tradición para reconstruirla de otra manera, creo que había que asumir que el ghioldismo es parte de la cultura del socialismo argentino, al menos si se lo asume como un proyecto de conjunto.

También has prestado mucha atención a lo largo de tu carrera a las facciones disidentes del PS ¿Cómo impactaron en el devenir del PS estás rupturas? ¿Esa incapacidad de contener las disidencias es un rasgo particular del socialismo argentino?

Efectivamente, creo que una de las particularidades de mi enfoque fue ocuparme de esa tradición no justista, “esotérica” de alguna manera. Esto me llevó también a estar muy atento a las rupturas, que forman una gramática para entender y reconstruir una historia del socialismo argentino más matizada, menos uniforme.

Las disidencias impactaron diferentemente según las épocas y sus figuras. Algunas que parecían contener una amenaza importante para el proyecto partido, se absorbieron muy rápidamente. Otras, justamente las que se producen bajo el peronismo, producirán sus efectos más tarde, una vez la vida partidaria “normalizada”. Ciertas rupturas terminaron por ser favorables al proyecto justista, al darle una mayor coherencia13900076_1008198835946165_5955707629280940816_n a su modelo, sobre todo las de la primera década. Y finalmente, las hubo que tuvieron consecuencias negativas durables, como aquella que dió nacimiento al PS Independiente.

Con respecto al segundo aspecto de tu pregunta, hay elementos que no son específicos al PS argentino y que encontramos reproducidos en otros partidos de su tradición, y que tiene que ver con la manera en que evolucionaba la situación internacional, la estructura organizacional de estas formaciones, etc. Al mismo tiempo, ciertos rasgos del PS, como la existencia de un equipo dirigente muy homogéneo y cerrado, que logra mantenerse en el tiempo, favorecen que las disidencias terminen produciendo rupturas, a veces incluso alentadas desde arriba con expulsiones, etc.

En el libro aparece recurrentemente, y me llamó la atención, el laborismo británico como influencia de distintas facciones del PS durante el período estudiado. Esto es algo poco explorado ¿A qué atribuís ese vínculo? ¿Cómo se articulaba el PS en esta etapa con el socialismo internacional?

La victoria del laborismo británico, a mediados de 1945, con una amplia mayoría parlamentaria, fue muy significativa para el socialismo, no sólo en Argentina, porque se la veía como una confirmación de la evolución del mundo tras la derrota de los fascismos. El propio gobierno de Attlee iba a tener cierta pluralidad de expresiones internas, incluída un ala izquierda muy activa en torno a Aneurin Bevan, lo que facilitaba las identificaciones de todos los sectores del PS. El gobierno de Labour, con su política social y de nacionalizaciones, iba a aparecer rápidamente como un modelo alternativo, es decir democrático y auténticamente favorable a los trabajadores, a la política del peronismo. Incluso, el atlantismo del gobierno Attlee facilitaría aún más la identidad de un socialismo cada vez más anti-comunista. En plena reconstrucción de una nueva internacional, el núcleo dirigente del PS lo iba a tomar como un punto de referencia en la segunda mitad de los años ‘40.

Pensando en ese puente siempre difícil entre las investigaciones académicas y la política partidaria: ¿En qué considerás que puede aportar tú último libro para las discusiones dentro del universo del socialismo argentino actual?

No sé si el autor del libro es el mejor posicionado para responder a esta verdadera inquietud, porque las lógicas de lectura y recepción se le escapan. Me parece, con todo, que un primer aporte reside en la necesidad de conocer esta historia compleja por parte de los militantes, que a veces tributan a cierto sentido común historiográfico marcado por los años ’60. El Partido Socialista actual está formado por un entramado que no coincide exactamente con la tradición que estudio, y eso hace también necesario conocer esa historia si no se quiere reconstruir una identidad en el vacío. En ese sentido, conviene también recordar que hubo, con sus errores y aciertos, otros modos de actuar, por ejemplo en el movimiento obrero, que el peronismo no dejó caducos. Tal vez haya otros aportes más específicos a rescatar, que tocan a las características del populismo, y la manera de actuar ante él.

En estos años, el avance de la historiografía sobre el socialismo argentino es enorme.

Yendo a una cuestión más general, y considerando tus trabajos sobre el desarrollo de las ideas socialistas: ¿Cómo ves la actualidad del pensamiento socialista en Europa y la mentada crisis de la socialdemocracia?

Hay un debate muy importante, y muy rico, porque toca a la posibilidad de pensar el cambio social en perspectiva reformista. La “actualidad”, tras el fracaso de la Tercera vía de Tony Blair, que fue el último proyecto coherente de renovar la tradición, no aparece aún, y lo que está en debate son más o menos variaciones de aquel proyecto. Pero todas pasan por cierta distancia con el modelo social-democrático en sentido estricto (es decir, aquel que se expresa a partir de finales de los años 1940 y que el programa de Bad-Godesberg codifica en 1959). Creo, en todo caso, que las fuentes de una renovación no deben ser buscadas en el social-liberalismo, sino en la propia tradición socialista democrática, en particular por la participación radical de la ciudadanía, entendida esta en un sentido extendido. Si hay que salir –y yo lo creo– de los modelos recientes para encontrar el soplo post-capitalista, que es la razón de ser de un proyecto socialista, pienso que hay elementos a buscar en el pensamiento feminista (sobre todo para pensar el problema clave de la dominación en el siglo XXI, y volver sobre la cuestión del “sujeto histórico” de la transformación), y en el pensamiento ecologista (en particular, para imaginar un modelo económico nuevo). También el postcolonialismo permitirá tener una visión más compleja de la universalidad y del otro, así como de los “derechos”.

13962965_1008199192612796_4517082680842274732_o

Pensando el PS argentino en el largo aliento, con sus más de 120 años de historia: ¿Qué rasgos crees que perduran en la actualidad y cuáles son radicalmente novedosos? ¿Es posible entonces establecer una línea de continuidad, conflictiva y sinuosa por cierto, entre ese socialismo que llega hasta el peronismo y el que se reconstruyó en el último cuarto del siglo XX?

Aunque se debe ser consciente que esos 120 años de historia comportan verdaderas rupturas, desde los años 1990 la integración de los diversos componentes que hoy forman el PS se ha hecho menos conflictiva de lo que se hubiera podido pensar, tras el hiato que significó en el pasado la vieja y la nueva izquierda, terreno de donde surgiera el PSP.

En ese sentido, hay algunos rasgos que no sólo perduran, sino que se han profundizado, como por ejemplo una tradición de administración local, por un lado, y cierta permeabilidad a los discursos “progresistas”, no necesariamente socialistas, por el otro. El discurso “republicano”, “cívico” ocupa hoy un lugar central. En ese marco, el perfil del dirigente socialista, medido, sobrio, de integridad personal se ha también mantenido.

Entre los rasgos novedosos, podemos distinguir al menos dos aspectos. Uno ha sido la ampliación de la capacidad de gestión ejecutiva. Si bien ésta ya existía, sobre todo en la tradición post 1955 del PSD –pensemos en Mar del Plata–, el gobierno, en tres mandatos consecutivos, de una provincia “difícil” como Santa Fe, sin hablar de la administración de una de las ciudades más importantes del país como Rosario, han alejado al nuevo PS del modelo parlamentarista. Un elemento negativo, me parece, tiene que ver con una ausencia del partido en frentes sociales que antes eran centrales, empezando por el movimiento obrero, sin que se atiendan de manera orgánica. Esto incluso se refleja en los discursos, que a veces penan a identificar más claramente a los dominados y sus luchas, en beneficio de lo podríamos llamar una “retórica de la argentinidad” demasiado vasta, y que pueden alejar el partido de su meridiano, el cambio social.

QUIÉN ES

Carlos Miguel Herrera es Abogado (UBA 1989) y Doctor en Lettres et sciences humaines (Université Paris Ouest Nanterre La Défense, 1996). Profesor catedrático de la Université de Cergy-Pontoise, miembro honorario del Institut universitaire de France y profesor invitado en universidades de Argentina, Colombia España y Rusia. Autor de más de 20 libros aparecidos en Francia, Canadá, Colombia y Brasil, ha publicado en nuestro país El Partido Socialista en Argentina. Sociedad, política e ideas a través de un siglo (Prometeo, 2005, en colaboración con H. Camarero), Las huellas del futuro. Breve historia del Partido Socialista en Argentina (La Vanguardia, 2007) y, recientemente, ¿Adiós al proletariado? El Partido Socialista bajo el peronismo (1945-1955) (Imago Mundi, 2016). También es autor de más de 150 artículos y capítulos en obras colectivas y revistas científicas locales y extranjeras.

 

mayo 16, 2017

Deja un comentario