Escuela de Formación Política (Rosario) :: Guillermo Estévez Boero

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Charla del Compañero Guillermo Estévez Boero en la Escuela de Formación Política del Partido Socialista Popular – Federación Santa Fe. Rosario, 27 de noviembre de 1999.

Compañeras, compañeros, una gran satisfacción estar aquí con ustedes hoy, y trataremos de decir algunas cosas para generar una segunda parte de debate, de preguntas, de intercambio de ideas, después de terminar la charla mía.

Estamos en un momento en que realmente se hace complejo abordar estos temas, y sobretodo también lógicamente respetar el espacio de los temas que otros compañeros tienen que desarrollar. Porque estamos viviendo una etapa de un gran revoltijo de ideas ¿no? Algunos han dicho que era la etapa del fin de las ideologías, sería el fin de las ideas, lo cual es una monstruosidad pero estamos en una época en que las monstruosidades se dicen, circulan, se difunden, hacen best-sellers. Y por otra parte también hay una gran revisión y un gran debate: tercera vía, cuarta vía, quinta vía. Todo esto lleva a una gran controversia, que de la forma en que se hace muchas veces no ayuda a aclarar absolutamente nada, como esta última reunión que se hizo en Florencia, hace pocos días, con la presencia de los principales líderes de la Socialdemocracia europea, del propio Clinton y del presidente del Brasil.

En realidad éste es el esquema de aplicación, la vía instrumental, de lo que se llama la Tercera Vía. Pero esto será más bien tema de otras charlas de otros compañeros.

Yo creo que lo importante es que nosotros sepamos que el socialismo no es un dogma.

Y el año pasado se cumplieron 150 años del Manifiesto Comunista. Manifiesto Comunista que hace una gran reivindicación de la ciencia, por ende, de la razón. Y Manifiesto que, en algunos puntos, se va de la realidad. Su gran aporte fue científicamente describir la evolución del sistema capitalista en aquel momento: 1848.

Pero hay partes que se pasan, donde la sucesión de capitalismo y socialismo, dice, se ha de producir “inevitablemente”. Y han pasado ciento cincuenta años y el “inevitablemente” ausente con aviso. Entonces este dogmatismo fue el que llevó al fracaso de la Unión Soviética. Porque se consideró que todo era un proceso, aunque los analistas dicen que en realidad los marxistas, llamando así a los comunistas ortodoxos, desarrollaron los pocos errores de Marx y no los aciertos de Marx. Porque también Marx dice, en una oportunidad, que no se puede construir el socialismo como quien construye una vía ferroviaria. Porque este razonamiento de la ciencia, de lo inevitable, es un razonamiento que deja al hombre al margen, que considera al hombre como subproducto de un proceso. Considera al proceso como la cosa central, del cual se producen determinados tipos de hombre. Pero no comprende que la realidad es otra y que el centro es el hombre. El hombre es el que determina el proceso, y no el proceso el que determina mecánicamente al hombre. Aunque tenga incidencia la inserción del hombre en las relaciones de producción, y en su forma de pensar esté afectado en parte por eso, no está totalmente determinado por eso.

Entonces hay que tener una gran amplitud para entrar a analizar esta problemática, no a ver quién gana, si Tony Blair o Jospin, sino en ver cómo es la realidad, y fundamentalmente nuestra realidad, que no es la realidad ni del uno ni del otro de los mencionados. Acá se ha dado también, en América Latina y en los demás países de los que se llamó del Tercer Mundo, un gran debate inicial, a principios del siglo, con la Revolución Rusa, a la cual Justo, entre paréntesis y yendo a lo nuestro, no adhiere, y condena el dogmatismo, la falta de libertad. Entonces en estos países se da un importante debate: si era posible o no el socialismo en estas tierras. Y por este tema hay una discusión con Enrico Ferri, socialista italiano, que cuando vino a Buenos Aires en 1909 polemizó con Justo por esto, ya que planteaba que el socialismo no podía existir en esta parte del mundo. Claro, porque en una aplicación dogmática viene el industrialismo, la clase obrera y viene la toma del poder. Entonces en países coloniales, agrícola-ganaderos, de incipiente industrialización, no se podía aplicar ese esquema, y en consecuencia el socialismo no se podía aplicar. Este fue el tema de una polémica muy importante entre Víctor Raúl Haya de la Torre y Juan Carlos Mariátegui en Perú. Y realmente, aunque a nosotros mucho tiempo nos ha parecido más simpática la propuesta de Mariátegui, que era la más lineal, aunque no era tampoco un calco total de la europea, el que vio la posibilidad de la generación de un movimiento que llegara al socialismo en nuestras condiciones, fue en realidad Víctor Raúl Haya de la Torre.

Entre nosotros, el socialismo tiene diversas raíces. Está el Dogma Socialista de Echeverría, anterior al socialismo científico, y se basa mucho en el trabajo del socialismo utópico. En realidad, el propio Manifiesto, al sustentar cosas como la existencia de clases, la lucha de clases como motor de la historia, desarrollaba un planteo de los utopistas, que también habían planteado la existencia de clases. Tomás Moro, Campanella y otros, ya habían planteado la existencia de clases. Y Palacios, en su gran obra “Esteban Echeverría, Albacea de Mayo”, encuentra, siguiendo a Justo que ya lo había planteado, raíces socialistas en el trabajo de Echeverría, y también en algunas posturas de la Primera Junta de la Revolución de Mayo. Justo, como ustedes saben es un gran estudioso de Marx, traduce “El Capital”, que es un trabajito regular, pero acepta también otros planteos, como los de Kautsky y Bernstein, que tienen otra amplitud respecto de lo ortodoxo de Marx.

A fines del siglo pasado llega a la Argentina una masa extraordinaria de inmigrantes. Y muchos de estos inmigrantes tienen ya una formación socialista, han actuado en sus países en partidos, en grupos socialistas, y de entrada se nuclean por nacionalidades.

Y Juan B. Justo, que es una gran mentalidad y una gran voluntad, estaba en ese momento desarrollando la Medicina, la Cirugía, donde fue el primero en realizar algunos tipos de cirugías craneanas en el mundo, con una tecnología que fue después difundida, así que estaba en un nivel excepcional. Trajo al país también todo lo relacionado a la asepsia. Pudo hacer operaciones sobre todo de articulaciones que antes estaban condenadas a la infección, al fracaso. Pero un día viajando y en contacto con las ideas socialistas de Europa, y viendo la realidad de carne y hueso de los hospitales, claro, se hace el gran cuestionamiento: “Yo me paso curando gente que esta sociedad arbitraria, injusta, explotadora, la devuelve al hospital al poco tiempo o la mata. Entonces, más que curar al enfermo tenemos que modificar lo que produce la enfermedad, que es el sistema social”. Y con una gran decisión, en los últimos años del siglo pasado, se presenta solo a convocatorias de trabajadores para ver lo que se puede hacer.

Y Justo es un gran pedagogo, tiene una formación de una gran humildad. Y estos trabajadores confían en él, que podrían haber desconfiado, lo lógico sería que no confiaran en él, ¿quién es este doctor con sombrero, que viene acá a hablarnos de lo que tenemos que hacer nosotros? Y sin embargo confían en él y así se van reuniendo los grupos que se habían unido por nacionalidades, hasta constituirse el Partido Socialista en el año 1896. 

Era otro tiempo, pero era muy difícil también. Justo si hubiera tenido este auditorio, hubiera estado en la gloria, muchas veces tenía tres, cuatro trabajadores que llegaban una hora después de la que se había citado a la reunión. Y él se quedaba esperando, con sus apuntes, con sus papeles. Él podría haber ido a guitarrear fácilmente, sin embargo tenía la responsabilidad de llevar sus análisis preparados para demostrar los puntos que afirmaba el socialismo y que él quería desarrollar. Fundamentalmente, su planteo era convencer a los trabajadores de la acción política, de la necesidad de llevar trabajadores al Parlamento, de que esto pasaba en Europa, de que había que ir a discutir las leyes, la organización de la sociedad había que ir a discutirla, y para eso era necesaria la acción política.

José Aricó, que fue un gran militante fallecido hace pocos años, estudió mucho a Justo. Este José Aricó era una figura brillante de la Juventud del Partido Comunista en la Argentina, compañero de Portantiero, que terminó su vida abruptamente por una enfermedad trabajando sobre los papeles de Justo y reivindicando los aportes de Justo a la concepción socialista en nuestro país.

Y él nos dice que Justo no se concibió a sí mismo ni a su partido como marxista, sino como socialista que encontraba en Marx, pero también en otros pensadores, un conjunto de ideas y de propuestas útiles para crear en la Argentina un movimiento social de definido carácter socialista.

La síntesis de los conocimientos aportados por la ciencia y de los que derivan de la propia experiencia del movimiento se constituirían en una guía para lograr una sociedad socialista. Este Partido fue creciendo, con esta labor, de ir a hablar y debatir con tres trabajadores, con cuatro, con cinco; de levantar tribuna en los barrios obreros, con cinco personas que escuchaban de lejos, y seguir el mensaje, no había televisión. Y este Partido logra en 1904 llevar a Palacios al Congreso de la Nación.

Fíjense ustedes en un detalle: la generación del Partido no se puede hacer sin amplitud.

Palacios era un recién venido al Partido y es su primer diputado, porque así daban las condiciones de la votación en la Boca. Pero además Palacios venía de centros obreros católicos, de allí se había pasado al socialismo, pero con pensamientos y modalidades muy particulares, que no eran la ortodoxia del Partido. Y sin embargo fue incorporado por el Partido y se transformó en uno de los grandes difusores y realizadores de la obra y el pensamiento socialista en nuestro país.

Por eso lo que dice Justo sobre la amplitud del Partido, sobre la democracia en el Partido y sobre la necesidad de respetar la individualidad. Lo orgánico del Partido, su eficacia, está en la disciplina de cumplir lo resuelto democráticamente por su mayoría, pero no está en la inexistencia de compañeras y compañeros que piensen diferente. Si destruimos, nos dice Justo, la identidad, destruimos la potencia generadora vital del Partido, la generación de diversas ideas, de diversos puntos de vista. Entonces tiene un largo párrafo en la defensa del respeto de la identidad de la afiliada y del afiliado. Como quién diría, bueno, el mantenimiento de la célula viva, sin la cual no hay producción.

Entonces, este Partido crece, este Partido llega a ganar las elecciones en la Capital Federal, y se va dando todo un proceso, donde el Partido va creciendo con dos criterios fundamentales: la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores y la democratización de la práctica política, que en el país era tremenda: dicen que un día fue a votar Justo, ni lo dejaron votar a él, le dijeron que ya había votado. Y el Partido sacaba en las elecciones ciento treinta votos, ciento ocho votos, en Capital, elecciones manejadas por el fraude.

Ocupa un gran espacio en el pensamiento de Justo el tema de la educación, de la capacitación. Y quienes han profundizado el tema, encuentran una gran similitud, a pesar de las diferencias a través del tiempo, entre la vocación modernizadora y educativa de Sarmiento y la vocación modernizadora y educativa de Juan B. Justo.

Fundamentalmente los programas mínimos del Partido se resolvieron sobre conquistas laborales, en primer lugar la jornada laboral; la responsabilidad de los patrones sobre los accidentes de trabajo; la abolición de los impuestos indirectos, sobre los cuales seguimos trabajando, el otro día hemos presentado los socialistas un proyecto sobre esto; el gravamen a la riqueza; una cosa importante que hemos planteado siempre y nunca hemos logrado que fuera aceptada: la revocabilidad de los representantes electos, es decir, un mecanismo para que democráticamente la gente pueda revocar el mandato de quien considera que no está cumpliendo con las plataformas con las cuales fue a elecciones; instrucción efectiva, laica y obligatoria; autonomía municipal; justicia a través de jurados elegidos por el pueblo y abolición de la pena de muerte.

Justo planteó en largos debates la jerarquización de la actividad parlamentaria, y condenó el uso de la violencia, por eso hubo un debate permanente con los anarquistas y los comunistas por parte de los socialistas. Y Justo creía en la concientización, en la madurez, de los trabajadores para alcanzar una nueva sociedad más equitativa e igualitaria, y no en un golpe de mano del poder. Porque le faltaba el contenido: ¿Después qué hacía el poder sin la existencia de masas concientizadas acerca de lo que había que hacer en la nueva sociedad? Y él jerarquizaba sobre todo la acción política, la política por sobre la violencia. Además, como lo dijo Alejandro Korn, el socialismo aporta a la práctica política algo inexistente antes de su aparición, que es la ética. Y esta es una diferencia sustancial que hace a su esencia. Las otras prácticas políticas son de logros a cualquier precio, a cualquier costo, por cualquier vía. El socialismo tiene una ética, tiene valores que estas organizaciones restantes no tienen. Y esta es la realidad de la ‘política criolla’ a la que refería Juan B. Justo.
Juan B. Justo planteó el tema de la nacionalización de forma muy insistente. Su reclamo permanente era que los trabajadores inmigrantes se nacionalizaran. Grandes campañas públicas por la nacionalización. Claro, la realidad es que estos trabajadores, sin ser nacionalizados no podían participar en la lucha política.

Pero en el núcleo, en este Partido, en todo su pensamiento hay una debilidad de enfoque del problema nacional, hay una debilidad en pensar el país en su globalidad, sin comprender que en un país no realizado, que no cumpla determinados requisitos de organización económica, de independencia, etc., no pueden concretarse realmente las reivindicaciones sociales. En las colonias no hay educación para todos, no hay salud para todos, no hay protección social para nadie, o sólo para muy pocos. Entonces éste va siendo un flanco que va quedando y se va agrandando a medida que transcurre el tiempo.

La tragedia argentina se inicia con el golpe del ’30. A partir del ‘30 se quiebran dos proyectos existentes en el país: el proyecto liberal de la generación del ’80 y el proyecto socialista. Los dos quedan quebrados en el ’30, que no solamente era la fantochada de un general, sino que tiene un profundo contenido ideológico conservador. En el ’30 nace el revisionismo histórico, que entra a discutir fundamentalmente el rol de las masas en los tiempos anteriores, que entra a desechar como no nacionales las ideas tanto de un lado liberal como de un lado socialista. Todo esto comienza a desarrollarse en el ’30.

El propio Partido Socialista tiene una profunda escisión con los socialistas independientes que encabeza De Tomasso, y que terminan adhiriendo al golpe y al gobierno de Agustín Justo, que es el que continúa institucionalmente al golpe de Uriburu.

Entonces este cuerpo escindido, este cuerpo que desde mi punto de vista está debilitado por la falta de una fuerte propuesta nacional, queda disminuido de una manera tal que no se recobrará más.

Y después de pocos años se da el golpe del ’43 que da toda una legislación social, y evidentemente plantea un proyecto nacional, y cautiva la adhesión de una inmensa mayoría de los trabajadores, incluso de muchos socialistas, que como en toda la vida, desde que el hombre es hombre en nuestra corta historia sobre el planeta, dicen: ‘Bueno, es momento de realizar ¿No?’ Algunos lo pensaron con Menem, otros lo han pensado con Perón, y no se ha realizado ni con Menem ni con Perón, ni se va a realizar.

Porque este es un proceso que no se da porque sí.

Y este socialismo va generando dos posiciones. Una posición abierta, que es la que lidera Alfredo Palacios, que había estado preso, que había estado exiliado, que no había sido simpatizante, ni perdonado, ni considerado por el peronismo. Pero tiene una comprensión frente a la masa peronista, hay una explicación frente a la postura peronista, de esa masa, y en cuanto a la responsabilidad de los dirigentes, que es de otro nivel y de otra jerarquía, de otro nivel de responsabilidad.

La doctora Alicia Moreau de Justo está con Palacios en esta postura, Muñiz y otros tantos. Y se genera acá en Rosario en el año ’58 en el Círculo Católico de Obreros de la calle Entre Ríos, el Congreso en el que se dividen con el otro sector de Repetto, Ghioldi, etc. Y surgen los dos partidos: Socialista Argentino y Socialista Democrático. No sólo con diferencias frente a la interpretación del Justicialismo y a la valoración de su gente, sino también en política internacional, el Socialismo Argentino tiene una fuerte postura antiimperialista que no tiene el Socialismo Democrático.

Y así estos partidos van disminuyendo sus fuerzas, su representatividad; el Partido Socialista Argentino con un número infinito de divisiones y de escisiones, en parte por la proyección de la Revolución Cubana, en parte por diversas teorías insurreccionales, etc. Y el Partido Socialista Democrático mantiene su postura, se va achicando, no tiene escisiones. Llega el momento en que nosotros también concurrimos al Socialismo Argentino conjuntamente con otros sectores, para reformular al Socialismo Argentino, que tiene que cambiar su nombre por el de Partido Socialista Popular, porque una dictadura militar prohibió el aditamento de ‘argentino’ o ‘nacional’ a los nombres de los partidos políticos.
Claro, este irracional antiperonismo del Socialismo Democrático lo lleva a adherir al Proceso, y su principal hombre termina siendo embajador del Proceso en Lisboa, Américo Ghioldi; y después el Secretario General que lo sucede también continúa con el cargo de Embajador. Terminado el Proceso, tiene este Partido un cambio de conducción, la asume un gran patriota y un gran socialista, que fue Francisco Passini, que lamentablemente es desplazado por su edad de la Secretaría General, y que era un hombre que realmente apostaba por la construcción de un Partido Socialista único, y que lo hubiera llevado a cabo, con una gran amplitud y con una gran comprensión.

Hay que comprender que el socialismo no es un sistema. El socialismo es un conjunto de valores, que a través de la historia se va aplicando a cada momento, se va aplicando en cada circunstancia. Y también algo que se dijo acá, que se habló, que es el tema de la pasión política. Esto para nosotros es esencial, la pasión política. Tiene que haber pasión. Pero la pasión no tiene sus raíces en la ciencia, sino en la utopía, en el ideal. Y no hay lucha socialista sin utopía y sin ideal.

Esto hay que comprenderlo: “El socialismo hace muchas veces a la posibilidad de la concreción de la utopía, del ideal, como resultado de la pasión de la gente, de que hemos sabido llegar a la comprensión de la gente, que la hemos sabido movilizar. Y esa gente movilizada tras un ideal es una fuerza transformadora incalculable, mucho más allá de lo que puede estudiar la gente”.

Por eso es necesario avanzar con las dos piernas del socialismo: con la ciencia y con el ideal, con la utopía de un país diferente, de una ciudad diferente, de un barrio diferente. Y esto es posible, y se ha demostrado muchas veces que esto es posible.

Ahora, para terminar, dos cositas.

El hombre es el hombre. Esto parece una perogrullada, pero no es así. El hombre no es una ficha, no es un número. Y ese hombre está alimentado por su pasión, por su voluntad puesta al servicio, políticamente hablando, de un ideal. Entonces cuando nosotros nos burocratizamos, y decimos: ‘en este barrio no hay que hacer nada más porque ya todos tienen tal número de calorías, están las cloacas bien, la escuela bien, los juegos infantiles bien, no hay que hacer nada más.’ Ahí comienza nuestra debilidad. Que era un poco, por lo menos yo lo entendí así, lo que decía el compañero de ‘hacer lo de ayer’. Barremos otra vez hasta la vereda, limpiamos los vidrios, cerramos: listo, a las cinco de la tarde nos vamos. Así no se gobiernan las sociedades humanas, que quieren una convocatoria para canalizar su ideal, su utopía, su pasión. Y como esta pasión existe, si no la canalizamos nosotros la canalizan otros.

El Socialismo Austríaco es muy orgánico, cumple con todas estas pautas, todo limpio, todo lindo, a las cinco de la tarde y se van. Viene la derecha y te gana, llegó a las cinco y cinco, cuando ya estabas descansando porque ya habías hecho todo lo que estaba en el reglamento y no tenías más nada que hacer. Y los suizos también son muy orgánicos: viene la derecha, y les pasa lo mismo. Es decir que cuando somos decentes, eficientes, organizados, pero caemos en una cosa que yo llamo ‘modorra burocrática’, ¡sonamos! Porque dejamos de representar el futuro, el avance, la pasión por crear otra cosa, por imaginar otra solución, por generar mejores condiciones. Y la gente no se queda amorfa, sino que busca donde canalizar esa pasión. Y la canaliza en otro que los convoca, con otras llamadas, sin ética, con lo que quieras, pero posibilita la canalización de esa pasión que nosotros hemos dejado apagar, muchas veces por falta de imaginación y muchas veces por comodidad. Y esto es lo que está pasando en algunos lados, y esto es lo que tenemos que tener en cuenta que no nos pase a nosotros. Esto es importante.

Y otra cosa importante es que, como no podemos ser dogmáticos, tenemos que partir de la realidad. El socialismo ha sido el partido del avance, del progreso, de nuevas formas de vida, de nuevas formas de organización social. Y el Partido ha sido, por eso viene su unidad con la ciencia, porque ha sido el que está al tanto del avance de la ciencia para ponerla al servicio de la gente. Lo que ha pasado en las últimas décadas (esto es un tema para la última charla, pero les dejo una puntita yo, porque también hace a lo que pasa cada día en una ciudad, en un pueblo, en un barrio) es que nos hemos quedado acostados nosotros en el pasado, en las pajas del Estado de Bienestar. Todo estaba bien, firma, ficha, afiliado, el sindicato, lo social, el Estado. Pero la técnica y la ciencia fueron avanzando, las formas de producción fueron otras. Un avance científico brutal en transporte y en comunicaciones que nos cambiaban la realidad. El socialismo, en vez de estar cabalgando sobre el avance de la ciencia y decir: ‘Bueno, esto nos va a permitir generar este tipo de solidaridad, este tipo de trabajo, este tipo de organización social más equitativa, más solidaria’, decimos: ‘Che, no molesten, seguimos como estábamos antes, ¿adónde vamos con esto?’ Y los sectores monopólicos, ellos sí tenían planes que nosotros no teníamos. Y por eso ellos manejan la globalización. Y si acá viene un avance en cualquier aspecto de la vida ciudadana, el socialista tiene que estar a la cabeza del avance, orientándolo a lo social, a la equidad, a la solidaridad. Y si porque nos rompen el esquema viejo que teníamos, o nos obligan a modificarlo, pretendemos negarlo, lo va a tomar la derecha en su beneficio. Y vamos a tener que salir a correr de atrás, como estamos corriendo ahora de atrás el proceso de la globalización. En buena hora que nos hemos dado cuenta de que tenemos que empezar a correrlo, porque si no estamos cada vez más lejos de algo que es irreversible.

Entonces nosotros tenemos que estar a la vanguardia del pensamiento. Para eso hay que estudiar, para eso hay que capacitarse. El socialismo por su concepción filosófica dijo: Tengo que educar al obrero para que el obrero sea protagonista, comprenda lo que pasa, y sea protagonista del cambio; tengo que educarlo, tengo que llevarle libros, tengo que hacer conferencias, tengo que hacer dibujos .Muchas veces en etapas de la historia, como en la Francia de la Comuna, estaban de moda los caricaturistas como Honoré Daumier ¿Por qué? Porque la gente era analfabeta, entonces al periódico de caricatura, a la caricatura, la entendía la gente. Por eso el valor de las caricaturas de Daumier y de tantos otros caricaturistas progresistas y socialistas, que denunciaban la explotación, la matanza de toda esa época, por eso su popularidad. En ese entonces, el único que entendía que había que capacitar al trabajador, era el socialismo de Juan B. Justo. Hoy no estamos solos en esta idea, hoy la derecha juega la misma finalidad. Sabe que el manejo de la sociedad en gran parte, y sin ser yo un absolutista del conocimiento ni mucho menos, pero en gran parte está determinado por el conocimiento. Entonces, cuidado, que ya no somos los únicos descubridores de la incidencia de la capacitación. Está la otra parte enfrente que la practica muy eficientemente y muy orgánicamente, como la practica el gobierno español. A pesar de lo que nos parezca a nosotros, va gobernando con éxito innegable a España. Y si ustedes analizan la política europea los van a ver jugando una posición muy equilibrada. No están con los conservadores de Europa en estas últimas elecciones del Parlamento Europeo, no están boicoteando a los comisarios socialistas que llevaba Prodi a la Comisión de Europa, que eran intachables: a estos comisarios socialistas no los tocaron, no los cuestionaron. Entonces tengamos esa visión de que lo que no estamos haciendo nosotros lo está haciendo la derecha, y muy eficazmente.

Así que estas tareas de capacitación, que yo me felicito porque estén acá, que se inicien aquí, esta inauguración es importante y estoy muy contento de estar acá, pero lo importante es que el año tiene trescientos sesenta y cinco días, y como dijo Simón Peres, y con esto termino: si al hombre se lo puede educar y acostumbrar a que tiene que comer tres veces al día, al socialista tenemos que educarlo en que tiene que leer todos los días.
Muchas gracias.

 

Respuestas a las preguntas de los compañeros:

Acerca de los motivos que nos llevaron a participar.

En realidad, nosotros venimos originariamente de las filas del movimiento universitario. Y lo que pasa es que el movimiento universitario en nuestro tiempo tenía permanentemente posiciones acerca de los grandes problemas políticos y sociales del país. Nosotros no entrábamos en cuestiones partidarias desde el movimiento universitario, pero frente a problemas importantes era casi obligatorio que la Federación Universitaria regional, así como la Federación Universitaria Argentina, tuviesen una posición. Les digo por ejemplo: el caso Oviedo. El movimiento universitario frente a un caso como este tenía indefectiblemente su postura. No tomaba posturas frente al tema de la tarjeta magnética, por ejemplo. Pero sí frente a la situación de la intervención o no en Corrientes, o el resultado electoral de Jujuy. Es decir, frente a hechos importantes, de universalidad para la situación nacional, teníamos posturas. Entonces la problemática nacional a nosotros no nos era ajena, convivíamos con ella desde muchos años los militantes universitarios. Y por otra parte, con respecto de por qué participar en el Socialismo en particular, ya en el año ’52 se había producido otra escisión, que diríamos fue un anticipo de la del ’58. En el ’52 se hizo un Congreso del Partido Socialista en Mar del Plata, donde hubo una escisión que encabezó Dardo Cúneo (que por suerte está a sus 82 años en plenitud de sus facultades mentales y físicas) producto de sus diferencias con la conducción partidaria que apoyara el golpe de estado del ’55. Previamente al golpe se produjo el bombardeo de Plaza de Mayo, y como réplica al bombardeo se produjo el incendio de varias iglesias y de la Casa del Pueblo. Entonces la postura nuestra en un periódico de Acción Socialista de aquel entonces estaba en una editorial titulada: ‘Ni bombas ni incendios’. Era otro el camino que planteábamos. Al producirse la escisión en el ’58, evidentemente quedó una parte del Partido encabezada por Palacios y la doctora Alicia Moreau de Justo con posturas y posiciones totalmente afines a la nuestra, lo que posibilitó un incremento de la relación con este sector y una militancia que fue culminando en la incorporación de todos nosotros a lo que había sido el Partido Socialista Argentino.

La derecha y el ámbito de lo privado.

No tengo muy en claro la pregunta, tampoco quiere decir que tenga clara la respuesta. Pero yo creo que hay una derecha tradicional que tiene una concepción muy retrógrada desde el manejo de lo privado, pero también hay una concepción que no es tan retrógrada en el manejo de lo privado, y que tiene una serie de pautas de modernidad en su manejo. No nos creamos que vamos a encontrar ahí un pensamiento medioeval porque nos vamos a equivocar. Y también esto se refleja en el problema de la relación entre los géneros, donde hay una amplia participación de la mujer, por ejemplo, en el gobierno de España, en los cargos ministeriales, etc. No pensemos que estamos frente a un manejo de otro tipo de derecha. Este tipo de derecha es más inteligente, está más modernizada y por eso es más peligrosa.

Cómo generamos los consensos con otras propuestas en el año ’73.

Este es un problema que hoy lo tenemos acá vigente también, de una concepción del quehacer político. Hay una concepción del quehacer político que pone el objetivo en realizar todo lo nuestro y en aniquilar al que no coincide con esta posición. Esto históricamente se ha demostrado que es absurdo, que hay un peso de la mayoría, que podemos ser mayoría, pero no podemos aniquilar ni dejar de considerar a la minoría, que es parte de la realidad. Porque en definitiva si no reconocemos la existencia de la minoría como parte de la realidad, lo que efectivamente pasa es que estamos desconociendo la realidad. Y en la rueda de la historia siempre gana la realidad.

Entonces el final de la República de Weimar, que fue una república socialdemócrata, terminó en una confrontación a muerte entre socialistas y comunistas. Y el resultado de esta confrontación fue el nazismo, con millones de muertos para la humanidad. Para comunistas y socialistas no había un peligro nazi, había la necesidad de liquidar al otro. Y este fue el resultado de esta política: la posibilidad del surgimiento del nazismo, con lo que significó para la humanidad.
Entonces tenemos que aprender. También en España, en la época de la República, en el Frente de Madrid, me contaban unos viejos compañeros, prácticamente no había bajas comunes: todas las bajas eran calificadas, todos los muertos eran oficiales. Porque se mataban entre ellos, el oficial anarquista mataba al oficial comunista, el oficial comunista al oficial trotskista, el oficial trotskista al socialista, el socialista al anarquista; y esta era la lista de bajas de todos los días del Frente de Madrid. Como resultado de esta concepción, de la confrontación, España terminó con Franco en el poder durante décadas. Y ellos aprendieron con una gran lucidez lo que no aprendimos nosotros: la necesidad del consenso. Y esa España produjo lo que no supimos producir nosotros, que muchas veces planteó el Partido: los pactos de la Moncloa, donde hubo un acuerdo total, desde los comunistas hasta los sectores más reaccionarios que actuaban en la política española. Y se lograron los acuerdos de la Moncloa, y se reunieron con la necesidad y la convicción de que tenían que llegar a un acuerdo. Y si no llegaban a un acuerdo no había posibilidad de futuro.
Y la misma posibilidad fue percibida por los chilenos, que llegaron al gobierno de la Concertación, sabiendo la carga negativa tremenda que había tenido Frei, el padre del actual Presidente, en el derrocamiento y la muerte de Salvador Allende. En realidad le habían hecho el juego al golpe. A pesar de eso y de los muertos, hubo una capacidad de llegar a constituir un movimiento de Concertación, que si no se hubiera constituido, todavía estaría el régimen militar en Chile.
Por eso el Partido ha sido vanguardia en esta interpretación de la historia, que es la correcta, y que viene planteada desde otras latitudes también. Están los Frentes Populares de Europa para resistir al nazismo, desarrollados principalmente por el búlgaro Georgi Dimitrov. Y está el Frente Único Antijaponés, desarrollado en China por Mao Tsé-tung, con ejemplos que nosotros no conocemos y menos aplicamos: a pesar de la lucha antijaponesa dentro de las fuerzas chinas había un antagonismo brutal. Y el antagonismo era con Chiang Kai-shek, que fue después el que montó la escisión de Taiwán. Un día Chiang Kai-shek cae preso de los japoneses. Acá hubiéramos dicho: 
“¡Que Dios te ayude!” Pero esto no ayudaba a la causa de la unificación del pueblo chino en la lucha antijaponesa. Y Mao Tsé-tung mandó a su mejor hombre, realmente un príncipe del conocimiento y de la militancia, como fue Chou Enlai, a liberar a Chiang Kai-shek, a encabezar las negociaciones por la liberación de Chiang Kai-shek, enemigo acérrimo de Mao Tsé-tung, que terminó creando la escisión de Taiwán. Pero también se terminó por hacer la revolución china en el ’49 y con la derrota del Japón.

Entonces lo de hoy es crear consensos para generar un escenario mejor, un escenario más próximo a nuestro pensamiento, un escenario más favorable a nuestras propuestas. No es generar consenso para aplicar de cajón todas las propuestas nuestras. 

Hoy que se dan los grandes debates, equivocadamente, porque no son los grandes debates. El gran debate no es Llach, el gran debate es consolidar el funcionamiento institucional, que lo sacamos con las uñas de que cayera en Colombia. Y si se hubiese hecho caso al Partido cuando planteó el Frente del Pueblo frente a la dictadura, la dictadura hubiera caído mucho antes. Y el Partido no lo hacía porque el Partido era insignificante, no lo impulsaba para lograr el tercer o cuarto puesto en la lista de diputados, lo hacía como una propuesta de emancipación para la nación, que recién después de mucho tiempo la Multipartidaria fue comprendida por los radicales y justicialistas. Y ahora el Partido posibilitó en el ’95 la primera Alianza del país, en nuestra provincia, para salir a dar la batalla. Y tuvo que pagar los precios, y hubo que dar lugar en las listas, la mayoría, la minoría, Mongo Aurelio. Porque si no, no salía. Y lo importante era que saliera esa Alianza, y también planteamos con anticipación la Alianza a nivel nacional.
Entonces el planteo de la política contemporánea, que no es la aniquilación del otro, sino la generación de un escenario más favorable, para acercar nuestro punto de vista, sigue siendo exacto y está justificado históricamente.

La actitud frente a la globalización. 

También es un planteo del Partido de hace años, que va avanzando lentamente. Nosotros tenemos que tener dimensión de los tiempos, ¿no? El tiempo de la historia no es el tiempo nuestro, el de nuestra vida. Es diferente. ¿Qué viene planteando el Partido hace años?: La institucionalización de la globalización. La democratización de la globalización, es decir la creación de organismos más democráticos, más representativos, que regulen los fenómenos de la globalización. Fundamentalmente los flujos de los capitales. Bueno, y esto va avanzando. Esto lo decíamos hace cinco o seis años solos. Hoy, el Congreso de la Internacional de París ha planteado esto como objetivo. Hasta Tony Blair acepta esto, que tiene que haber una regulación, que tiene que modificarse el Banco Mundial, que tiene que modificarse el Fondo Monetario Internacional, que son los organismos creados por el Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial. Y que estos organismos tienen que incorporarse a Naciones Unidas con un manejo más democrático. Entonces, se va avanzando aunque hay muchos intereses, muchas formas de ver. También la necesidad de explicarle a la gente y de enseñarle a la gente la importancia de estos planteos. Estamos planteando la modificación de la Carta de Naciones Unidas, la democratización de Naciones Unidas, la ampliación del Consejo de Seguridad, la limitación de los efectos del derecho de veto. 
Pero fíjense ustedes que en el año ’52, hace un tiempito, ya plantéabamos en Santa Fe, en el Centro de Estudiantes, en el manifiesto inicial del Grupo Universitario Renovación, la necesidad de la modificación de los artículos 23 y 27 de la Carta de las Naciones Unidas, que son los que determinan los países miembros permanentes y el derecho al veto de estos países, como elementos antidemocráticos. Bueno, esto se empezó a plantear hace prácticamente casi cincuenta años. Y hoy va siendo aceptado, cuarenta y ocho años después. Pero ¿cuál era el otro camino? Ir a bombardear las Naciones Unidas. Estamos planteando la necesidad de generar el empleo de la fuerza únicamente por Naciones Unidas, venimos dando la batalla, en muchos casos no se cumple, en Kosovo no pasó, pero nosotros no podemos decir: cerremos las Naciones Unidas ¿Y dónde vamos? Tenemos que seguir perfeccionando las Naciones Unidas, que es un mecanismo importante, es la única vía de la institucionalización civilizada y democrática de los asuntos internacionales, no se pueden manejar de otro modo. 
Evidentemente ante estas fuerzas la cuestión nacional cambia. Hay otras limitaciones, hay una interdependencia, es evidente. Pero una cosa es dependencia y otra cosa es interdependencia. Nosotros necesitamos del Mercosur, y acá se aplican los mismos remedios y las mismas propuestas: la institucionalización del Mercosur, el funcionamiento de organismos que hagan equitativas las resoluciones del Mercosur, la marcha para lograr un acuerdo en macroeconomía entre los países integrantes del Mercosur. Esto no lo pueden manejar los zapateros ni los criadores de pollos. Porque ellos tienen su vista puesta en el zapato y en el pollo, y de ahí no salió el Mercosur ni de ahí va a salir su perfeccionamiento. No es imposible, es difícil, pero es necesario e imprescindible acordar macroeconómicamente con el Brasil. Más difícil era hacerlo en Europa, entre el Marco Alemán y la Libra Inglesa, y sin embargo los acuerdos de Maastrich van caminando, esto es innegable. 
Entonces la cuestión nacional, por ejemplo, ¿se debilita la nación? No sé. Hay una interdependencia. ¿Se debilita el hombre por tener una ley? Yo creo que no. ¿Era más libre y más soberano el hombre de las cavernas? Y, el grandote sí, al chiquito lo mataban a palos. Pero el promedio de los hombres no era más libre que con la organización social. Por ejemplo, el Banco Central de España antes de la moneda única, del Euro: ¿Cuál era la soberanía de este Banco Central? Ninguna. Un alemán le avisaba: –Mirá, vamos a subir 0,20 puntos la tasa de interes. –Bueno, gracias. Y tenía que subir él, si no sonaba la peseta. Pero en eso 0,20 puntos que aumentaba no tenía ninguna participación. Hoy con los acuerdos de Maestricht, el representante del Banco Central de España está sentado a la mesa, tiene una participación. Hoy en cuanto a política monetaria tiene más fuerza, es más decisiva la opinión del representante español, que antes de la unificación de la moneda. 
Entonces nosotros como país de 33 millones en el Mercosur, aunque no podamos fabricar tantos zapatos no quiere decir que seamos menos soberanos, porque nos estamos afianzando en otra serie de cosas, en una posibilidad de existencia en el mundo que solos no podríamos tener, y que cada vez va a ser menor. Entonces la posibilidad argentina en la integración se agranda y se fortalece. Hay que compaginarla, hay que hablarla, hay que acordarla. Hay cosas, por ejemplo el azúcar, tenemos una postura nosotros que vamos sosteniendo haciéndonos los tontos, que es insostenible. 
Porque nuestros costos de producción y la calidad de nuestra azúcar son indefendibles. Entonces nosotros nos podemos hacernos los tontos, pero si nos hacemos los tontos y ganamos como hemos estado ganando una punta de años frenando el azúcar brasilera, bueno, esa punta de años tenemos que aprovecharla para generar fuentes productivas sucedáneas al azúcar en las zonas productoras de azúcar, incluso en nuestro norte santafesino. Pero no podemos estar confiados en mantener las chicanas y el pataleo eternamente, porque es una cosa que está en contra de la realidad. Esto no quiere decir que el país se debilita sino que, con esto bien manejado, el país debe fortalecerse. Claro, a los grandes grupos monopolistas, con su incidencia en los gobiernos, les conviene que no haya instituciones del Mercosur, les conviene que esto se arregle entre los poderosos de acá y los poderosos de Sao Pablo, y el resto quede colgado. Pero casualmente nosotros tenemos que concientizar, y dar la batalla, y crear la conciencia para en los cuatro países forzar la marcha de la institucionalización, que les conviene y garantiza las posibilidades de los cuatro pueblos. Es imposible hoy pensar en países que no articulen la integración. La defensa, el lente que nos protege de los rayos ultravioletas de la globalización, son los movimientos de integración regionales, hasta que logremos organizar civilizadamente y democráticamente también al proceso mundial de la globalización. Pero tendremos más fuerza para forzar esto último desde núcleos regionales fuertes que en forma independiente.

Cómo proyectar el socialismo para el próximo milenio. 

Yo creo que esa referencia al próximo milenio es un poco literaria porque hoy en día todos están de espaldas al segundo milenio, de cara al tercero, vos podés elegir. La verdad es que no pasa nada ¿no? Milenio va, milenio viene. Pero cómo proyectar al socialismo: yo creo que hablando estas cosas, poniéndonos al frente de estas realidades y no tratar de hacer como el avestruz de enterrar la cabeza y desconocerlas. 
Es decir si vos te oponés al Mercosur y planteas ‘Mercosur: acuerdo de las multinacionales.’ Bueno, pero, ¿a quién le vendés? ¿quién te compra? Vos no tenés ninguna propuesta. Entonces la propuesta socialista no avanza, no crece, porque no tiene identidad. Ahora si vos me decís: ‘Nosotros en el Mercosur vendemos tanto, yo traigo acá un proyecto alternativo de venta a los países árabes de tanto, por tanto tiempo.’ Está bien, es una cosa discutible. Pero si no traemos ningún proyecto ni nos sentamos a discutir. Ha habido partidos del viejo comunismo que hasta el último momento se han estado oponiendo a la incorporación de sus países de Europa Occidental a la Unión Europea ¿Cómo han quedado? Con cuatro votos, porque esto era insostenible y no tenían propuesta alternativa.
Entonces la forma nuestra de hacer propuestas para avanzar, para llegar a gobernar, para ser partido de gobierno en los próximos tiempos, es ponernos al frente de estos procesos y no de espaldas a ellos. Por eso hay que estudiar lo que es realmente el Mercosur y traer escrito un proyecto de institucionalización del Mercosur. Ésta es la 
forma de que la propuesta socialista vaya al frente. Si queremos nosotros una Carta Social del Mercosur, si queremos evitar el dumping social dentro del Mercosur, tenemos que traer la propuesta: ‘Acá está la propuesta.’ Es la forma de que el socialismo vaya al frente. Si queremos democratizar Naciones Unidas tenemos que tener la propuesta. Si 
nos quedamos en una crítica superficial: “Naciones Unidas no sirve para nada porque no pudieron evitar Kosovo, para eso mejor que la cerremos” con esto vamos a la cola, porque el futuro apunta a la organicidad, y a esto debe estar orientada nuestra propuesta, estudiando los procesos institucionales. Nosotros tendríamos que tener economistas, no los tenemos acá pero sí en Europa, ya veremos qué hacen, que estén planificando las medidas de regulación de los flujos de capital especulativo, generando una propuesta para hacer consenso. Claro, los centros financieros van a patear como locos, esto no quiere decir que no avancemos hacia la concientización de esta innegable necesidad de regulación, de este contralor de la globalización.

El tema de la amplitud.

Es un tema que yo comprendo que es difícil, no ha sido ayudado desde la izquierda porque ha habido en la izquierda muchas veces esos dogmatismos, a los cuales aludíamos antes. Es la posibilidad que parece elemental, pero no es tan elemental, de convivir con el que piensa diferente. Porque en épocas buenas, en otras etapas, yo me acuerdo, se sabía que el compañero Pedro o Juan en tal tema tenía su posición, que no era la del Partido, no era la de la mayoría del Partido, pero que convivía perfectamente. Llegado este tema: “Bueno, ustedes saben cuál es mi posición, yo pienso esto, ustedes no.” Tres a siete, chau. Salía la posición de los siete. Pero se iban los diez a tomar el café. Y seguían mientras tomaban el café discutiendo: “bueno ustedes están equivocados”, “no, estás equivocado vos”. Seguía el debate pero no era un problema de excomunión, ni de pensar que el otro era la quinta columna. Seguían conviviendo a través de décadas, militando, sustentando diversas posiciones en algunos temas. Que no eran temas morales, que unos aprobasen a Hitler y otros no, lógicamente. Puede ser un tema relacionado con las fundaciones, que vos creas que las fundaciones puedan abrir Universidades y otros crean que no. O puede haber un tema diferente en educación, que justo hoy hay un gran debate. Está bien. Si hay un debate es porque la realidad no está clara. Entonces la inteligencia de la organización es canalizar el debate adentro y no echando gente para afuera. Mientras que el debate sea sobre principios y valores socialistas que no son dogmáticos, pero hay un límite, es evidente. Entonces que uno diga que la imputabilidad a los menores debe ser bajada de 18 a 16 años, es una postura. Que yo diga que creo que la tortura debe ser utilizada como método de esclarecimiento, es una postura incompatible, no es un criterio procesal. Está bien, y otros morirán pensando que los 16 años es la edad justa, algunos pensaran que los 18 o los 22. El mundo no pasa por ahí. 

Hay que tener la cultura del consenso, de la concertación. Si pensáramos todos igual no haría falta la política de concertación, porque es la de mi partido y chau. Entonces tenemos que pensar, si el de la Alianza es un gobierno de coalición, hay que intercambiar ideas, hay relaciones de fuerzas, hay cambios de opinión. La presencia siempre es positiva, podés influir, no tanto como para que el otro haga justo lo que vos querés, esto es estar otra vez en el comienzo del camino, pero podés influir en cosas, hay otras cuestiones políticas en las cuales no hay disidencias, habrá cosas en las que sí haya disidencia, que tendremos que ver cómo se ponen en marcha, cuándo y quién las pone en marcha. Entonces vos tenés cuatro años de gobierno por delante y empezamos a discutir la ‘escuela charter’, y a lo mejor dentro de los cuatro años, si se sigue con la idea, a lo mejor se puede montar una escuela charter o dos, pero hay todo un proceso educacional que está por encima de esas dos o tres escuelas charter, hay toda una realidad en la cual si no estás vos no vas a incidir.
Entonces en el propio Partido hay que admitir lo diferente. Fijate que este muchachito Juan B. Justo escribe en La Vanguardia sobre ‘El individuo y el Partido’, y dice: el Partido será una congregación de voluntades, no el instrumento uniformador de ellas. “El individuo cuenta. El individuo dueño de su pasión, de su fe. El individuo consciente de su contribución al núcleo social o de la posibilidad cierta de esa contribución. Toda renuncia que el individuo haga para el cumplimiento de esa contribución cuando ésta se hace acción colectiva, será apenas transitoria. Lo constante es la liberación de la individualidad, urgencia que está en el programa y en el método socialista. El militante hace ofrecimiento de un sector de su mundo personal, pero no niega su propio mundo. En síntesis –define Justo– la moral socialista ha de consistir en el desarrollo y la integración de la propia personalidad en el ejercicio de las actividades sociales.”
A esto tenemos que empujar.

La modorra burocrática. 

Lo nuestro es un camino, el socialismo no es una foto estática, es una marcha que siempre tiende al mejoramiento de la gente. Entonces nosotros no podemos llegar a una situación en que nos quedamos parados, como decíamos antes, y a la gente le digamos: “Ya llegamos.” Nunca llegamos, ni llegaremos, porque siempre tendremos un objetivo más allá, siempre generaremos algo nuevo para mejorar la gente, para mejorar su condición, sus posibilidades. Entonces, cuando se llega equivocadamente a ese tema de que se está cumpliendo con todo lo que está escrito, dejamos la gente afuera, la transformamos en un número, en una ficha, no participa. Decimos: ‘Bueno, acá en el club se juega al fútbol, al básquet, y al voley, porque según nuestra estadísticas son los que mejor andan, lo más colectivos, etc. “Viene otro y dice: ¿Y la pelota paleta?”…

 

agosto 20, 2019