FUERZA DEL TERRITORIO :: “DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES DEL SOCIALISMO SANTAFESINO: LA FUERZA DEL TERRITORIO”

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No hay Partido Socialista sin una historia que nos permita apreciar en todo su contexto la significación que el partido tiene. Otros partidos pueden desproveerse de esa tradición, pero un partido de izquierda, comprometido a cambiar la realidad, tiene un compromiso con el pasado diferente al de los partidos que sólo están para administrar”. (Darío Macor)

La pregunta sobre el orden democrático posible ha generado espacios de debate y reflexión como eje en la agenda socialista durante todo el siglo XX, pero en particular desde el retorno a la democracia contemporánea, mereciendo algunas observaciones de contexto. Los documentos de archivo dan cuenta que en forma permanente desde 1983 la tensión “democracia formal” versus “democracia real” ha llegado para quedarse, y el Partido Socialista como órgano político nacional y provincial no ha quedado al margen de dicha tensión. Si bien la referencia siguiente es acotada, en febrero de 1987, un documento partidario rescata, nuevamente, los intersticios posibles que no reproduzcan el blanco y negro de perspectivas dominantes y opuestas entre democracia formal y democracia real:
“Dejemos que otros discutan en las piezas y gabinetes la diferencia entre democracia formal y real y salgamos a trabajar en las organizaciones populares, en los clubes, en las vecinales, en los centros estudiantiles, en los sindicatos, en las asociaciones de profesionales, en las cooperadoras, en las cooperativas para la defensa de los intereses de los argentinos, fomentando la participación popular. Así estaremos transformando la democracia política en social.” (Democracia y Socialismo, declaración del Comité Nacional del Partido Socialista Popular, 22 de febrero de 1987)
Y a continuación, ese mismo documento establece una segunda sugerencia:
“…Existen dos grandes líneas a seguir, por parte de quienes propiciamos el cambio: nos marginamos de la realidad, nos enajenamos del hoy, y la cuestionamos en su conjunto o asumimos la realidad, nos insertamos en ella, trabajamos aquí para modificarla y partimos del hoy para construir el futuro.”
Con ese marco, la coyuntura impone los temas de la agenda urgente: la praxis socialista; la construcción colectiva fundada en reales y sostenidos consensos contrahegemónicos debe encontrar al PS como protagonista de una alternativa socialista para la democracia en Argentina. En síntesis, los desafíos de la democracia imperfecta contemporánea, de la democracia real y no formal, nos conducen nuevamente a repensar una cuestión estratégica en el camino de la construcción política: el territorio, los territorios (los grises posibles en la escala monocromática dominante en las tendencias explicativas de la historia argentina).

TERRITORIOS Y REFERENCIAS PARA UNA CONSTRUCCIÓN REAL.

Una segunda instancia de reflexión en alusión directa a la dinámica partidaria actual del PS, tiene que ver con un tema nada novedoso ni innovador, pero no siempre analizado en su compleja dimensión: la praxis territorial en la coyuntura diaria, la construcción de referencias territoriales con identidades múltiples. Solo por acudir a una cita de contexto que da cuenta de una extensa tradición y vigencia de debate sobre la “alternativa socialista” en clave territorial y una agenda propia, mencionamos a modo de ejemplo el clásico debate de 1908 entre Enrico Ferri (Partido Socialista Italiano) y Juan B. Justo (como dirigente del Partido Socialista Argentino), que ponían en tensión la propia posibilidad de una experiencia y un programa socialista en tierras del Río de la Plata. Los ejes de aquella lejana discusión en una lectura actual pueden parecer anacrónicos, pero se trata de un ejercicio de revisión que permite establecer algunas prioridades para la construcción de una alternativa que se sustente en las múltiples dimensiones, actores, tradiciones y alianzas posibles en territorios siempre dinámicos, atravesados por crisis de representación permanente y una hegemonía mediática de poder sin precedentes.
En aquel debate ya superado quedó en claro que es posible un socialismo argentino, un socialismo criollo, un socialismo agrario y urbano, un socialismo industrial, un socialismo universitario, un socialismo de identidad sindical, de identidades barriales; en definitiva, un socialismo popular de articulación plena con diferentes expresiones políticas y sociales como alternativa contrahegemónica en una democracia real (no formal).
Esencialmente, un verdadero programa socialista no puede ser concebido como tal, sin la participación y la representación de los trabajadores, sin un discurso político que logre interpelar fuertemente a vastos sectores del pueblo trabajador. El desafío es lograr con esos componentes, un socialismo que integre de modo permanente la diversidad y pluralidad que lo atraviesan, asumir con coherencia ideológica y disciplina partidaria la dialéctica constante entre gestión de gobierno e identidades territoriales. En otras palabras: la identidad territorial, las múltiples identidades y actores en los territorios no deben ser una excusa para la imposibilidad de construcciones colectivas progresistas; como tampoco deben ser interpretados como intentos de facciones internistas que nunca han dado resultado alguno más que la atomización.

EL FUTURO CON LOS JÓVENES, CRECE DESDE EL PIE.

Un programa socialista en permanente construcción territorial, no se puede concebir sin abordar la realidad de las juventudes. Los valores de solidaridad, participación popular y convivencia – que son parte de un abordaje integral de las problemáticas sociales en los barrios – hoy son remplazados por otros de tinte individualista, que lejos de propiciar prácticas comunitarias para reconstruir lazos sociales y empoderar a los sujetos excluidos, naturalizan la desigualdad y la violencia simbólica, colocando al individuo en el centro de la escena como único responsable de su destino.
Hoy, desde las políticas del gobierno nacional y los medios masivos de comunicación que saturan la opinión pública, se reproducen discursos que promueven abiertamente el individualismo como forma de vida, colocando a lo colectivo en contradicción permanente con los intereses individuales. La alteridad ya no forma parte de la realidad más próxima del sujeto: en algún punto pareciera que se acabaron los registros de un otro en su condición de humano. En los territorios diversos, actores de colectivos juveniles en sus variadas representaciones pugnan por espacios de inclusión, representación e identidades que encuentran lugar necesariamente en organizaciones progresistas.
Justamente, la agenda de políticas públicas propias del progresismo (educación, salud, empleo, juventudes, medio ambiente, nuevas formas de participación) demanda capacidad de innovación para encontrar respuestas que no sean interpretadas únicamente en claves monocromáticas, sino en los distintos tonos que se aproximan a las respuestas que tienen a los actores territoriales como protagonistas y no simples espectadores.

CONTRAHEGEMONÍA.

Frente a la necesidad de pensar la praxis en términos contrahegemónicos, es fundamental, más allá de la coyuntura y las limitaciones que se tienen dentro de un partido como el PS, tener siempre presente la referencia a un “todo”, a un entramado social que supera largamente las necesidades inmediatas de un municipio, comuna, vecinal, club de barrio, centro comunitario, etc.
En esa línea, el socialismo enfrenta hoy a la nueva derecha de Cambiemos, que, por primera vez en la historia accede al poder democráticamente, con una identidad política bien definida que se expresa con un innovador formato de marketing político, y que con el acompañamiento de los poderes fácticos ha logrado saltar del vecinalismo porteño a conducir los destinos de las y los argentinos. Un dato que no pasa desapercibido, es que Cambiemos incorporó a su esquema de poder la provincia de Buenos Aires, lo que le otorga un despliegue inédito en contraposición al repliegue del Partido Justicialista.
Luego de 2 años en el gobierno, Cambiemos ha hecho de su organización política el epicentro de los grandes grupos económicos del país, cuyas convergencias y tensiones son administradas para proyectarlas a toda la sociedad, permeando en la clase media y también logrando una eficiente gravitación en los sectores populares.
Ante el duro diagnóstico de la situación política, social y económica del país, caben entonces las preguntas de rigor: ¿Qué hacer? ¿Cómo contrarrestar el discurso de un gobierno neoliberal como el de Cambiemos, que parece tener allanado – en la opinión pública y el parlamento – el camino para seguir profundizando el ajuste sobre el pueblo trabajador, realizando una transferencia obscena de recursos hacia las arcas del capital concentrado?
Comprender en toda su dimensión los mecanismos de reproducción del poder real en la Argentina actual, implica, sin lugar a dudas, un profundo diagnóstico de la situación social, económica y política, en términos contrahegemónicos.

UN FRENTE TERRITORIAL, PROGRESISTA Y POPULAR.

La referencia a la militancia territorial no es antojadiza ni azarosa, es un posicionamiento político que se expresa con total convicción de apertura hacia la construcción de nuevas confluencias políticas, con un fuerte contenido social.
La desgarradora realidad que se vive en los territorios, signada por el egoísmo, el marketing político y la alienante dependencia tecnológica, requiere de acciones de unidad y convergencia de la militancia. Es de vital importancia aprender a sumar – desde la simpleza de los actos cotidianos – a todos aquellos que comparten el diagnóstico y la vocación de servicio por una transformación de las condiciones de vida del otro. Vecinalistas, comerciantes, referentes sociales, sindicalistas, docentes, profesionales del campo social, dirigencia y bases, tienen la oportunidad y el deber de ser parte de un colectivo que desde el trabajo barrial, pueda enfrentar las políticas de ajuste del gobierno nacional.
El debate es ahora y ninguna mordaza podrá acallarlo ni apaciguarlo, emerge con fuerza desde lo más profundo de las convicciones socialistas y circulará por diversas trayectorias militantes o adhesiones pasadas de este colectivo ampliado, pero enfocándose prioritariamente en las coincidencias frente al avance brutal de la derecha que disfraza políticas de ajuste, endeudamiento y exclusión con un falso relato republicano. Es amplitud y coherencia ideológica los que nos demanda el presente del país, una convocatoria plural guiada por un fuerte compromiso colectivo de estudio de la realidad, objetivos y acciones comunes en el trabajo territorial.
Hoy el socialismo tiene la oportunidad de reafirmar sus postulados y resignificar su historia, aportando grandes líneas programáticas de gobierno – reconocidas a nivel mundial – que serían esenciales para la construcción de un nuevo espacio social y ciudadano, donde puedan converger actores políticos, económicos y organizaciones de base, para poder enfrentar el proceso político que se avecina. El mismo puede resultar tan ineludible como ajeno a los calendarios electorales, pero no escapa a la necesidad de asumir, con valentía, la responsabilidad histórica de elaborar una nueva herramienta política, con una estructura de funcionamiento moderna y amplia, que permita establecer las bases de un proyecto de país que contenga y represente al tercio de los argentinos que viven en la pobreza, con un alto índice de necesidades básicas insatisfechas y vulneración de derechos.

APUNTES PARA LA ORGANIZACIÓN.

Los desafíos que se le presentan a un partido pequeño que ha demostrado en la práctica concreta ser una alternativa de gobierno distinta al bipartidismo y supo despertar la esperanza de muchos argentinos que buscaban una opción progresista, deben inexorablemente atender a la necesidad de formación de los jóvenes, técnicos y referentes barriales que se van sumando al PS (con o sin experiencia política), todo ello junto a una enorme responsabilidad de gestión.
Es preocupación permanente, y uno de los objetivos de este espacio de compañeros y compañeras socialistas, generar una propuesta conjunta de trabajo a desarrollar en el corto plazo, para lograr el diseño de una estructura orgánica ampliamente democrática, que sea la herramienta por medio de la cual se logren extender las bases partidarias en el territorio, para que se constituyan en actores claves de la transformación social.
Ante la ausencia de espacios o instancias para el ejercicio constante del debate y el posicionamiento político, la tarea es multiplicar disparadores y desarrollar insumos para la reflexión partidaria – no de gestión de gobierno – que nos interpelen en nuestras múltiples prácticas y lugares de militancia por una alternativa socialista.
En la ciudad de Rosario más tres décadas confirman que el socialismo es una forma concreta de transformar desde la democracia real y no desde la democracia formal; en la provincia de Santa Fe, ese camino, como parte del Frente Progresista ya tiene una década. Allí, en la permanente prueba de ensayo y error, reside la fortaleza de la organización política.
Fuerza del Territorio es un legítimo emergente de construcciones colectivas que no se resignan ante lo imposible, es la lucha por un socialismo que quiere honrar el profundo significado de su palabra y solo así vencer al tiempo.
Esta construcción implica que las personas que asumimos ser parte de un espacio de izquierda democrática aceptemos la coherencia entre teoría y praxis, sosteniendo cada uno desde su lugar de militancia con los actores e instituciones que compartimos nuestra existencia diaria, una herramienta plena y efectiva de participación popular para la transformación social.
enero 8, 2018

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