La Revolución de los 7 Jefes en la historia de Santa Fe

siete jefes

Por Victor Gustavo Hadad (*)

¿Habrá estado este hecho en el pensamiento de los cabildantes de Santa Fe cuando adhirieron en forma casi inmediata a la Revolución de Mayo, convirtiendo a la provincia en la primera en aceptar los ideales de Moreno, Belgrano y Castelli?

Según Ricardo Levene, se trata de uno de los hechos que deben tomarse como antecedente de la democracia en nuestro país. ¿Qué fue la Revolución de los 7 jefes? ¿Fueron solamente siete? ¿Verdaderamente intentaron crear -como sostienen algunos- un gobierno propio, independiente de la metrópoli? ¿Estaba este grupo en condiciones de enfrentarse a Felipe II, rey de España bajo cuyo dominio el país europeo se convirtió en el primer imperio mundial?

Resulta poco probable que la independencia de España fuera la intención, entonces, de Lázaro de Benialvo, Diego de Leiva, Francisco de Villalta, Rodrigo de Mosquera, Diego Ruiz, Pedro Gallego o Ruiz Romero. Sin embargo, ello no disminuye ni un ápice la importancia del hecho histórico al que estamos referenciando.

¿Cuál era el contexto histórico de ese momento? Colón había cruzado el Atlántico hacía menos de un siglo. Hernán Cortés ya había conquistado a sangre y fuego el imperio azteca. Francisco Pizarro, por su parte, ya había traicionado a Atahualpa y conquistado Perú.

El 15 de agosto de 1537, se funda Asunción del Paraguay. Desde allí partirá, tiempo después, el grupo que, bajo el mando de Juan de Garay, fundará Santa Fe en la actual Cayastá, en 1573.

Ello así, y siete años más tarde, un grupo de criollos comienza a deliberar: ¿deben seguir gobernando y ocupando los cargos más importantes quienes no han nacido acá? La pregunta hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra naturaleza. Surge allí, en ese instante y quizás por primera vez, el conflicto de poder en esta zona del continente. Dos modelos se enfrentan, una vez más, en la conquista por el mando: ¿criollos o españoles? ¿Quién tiene justo título para gobernar? Pero esa disputa tiene un tercer grupo que no fue invitado a dar su opinión: los originarios de estas tierras. El acta de Juan de Garay menciona que la fundación se realiza en tierras de “calchines y mocoretás”. Este reconocimiento, que no se va a repetir en el instrumento fundante de Buenos Aires, merece ser meditado seriamente.

¿A partir de cuándo, las tierras que, según el mencionado documento, eran de calchines y mocoretás pasan a ser de España? Es, por tanto, la lógica de la guerra en su estado más brutal y primitivo el que se impone y logra construir un sistema hegemónico de poder que va a caer en el caso de España luego de la Batalla de Ayacucho en 1824.

Pero volvamos a la rebelión de los criollos. Luego de varias reuniones, resuelven tomar el poder en Santa Fe el 1º de junio de 1580. Juan de Garay se encuentra en Buenos Aires. Sin embargo, en poco menos de 40 horas son traicionados y ejecutados. Las actuaciones que se labraron por este hecho fueron enviadas a España, de donde nunca volvieron.

Así terminó el primer intento de tener un gobierno autónomo sin intervención de los peninsulares.

Es dable preguntarse: ¿habrá estado este hecho en el pensamiento de los cabildantes de Santa Fe cuando adhirieron en forma casi inmediata a la Revolución de Mayo, convirtiendo a la provincia en la primera en aceptar los ideales de Moreno, Belgrano y Castelli? Cuando la noticia de mayo llegó a Santa Fe el 5 de junio de 1810, y al tomar en sus manos la circular del 27 de mayo, ¿habrá recordado el Teniente Gobernador de Santa Fe don Prudencio María Gastañaduy aquel acontecimiento?

Esta rebelión, así como muchos otros hechos históricos ocurridos en nuestra provincia, forman parte de las páginas más dignas de la historia argentina (la batalla de San Lorenzo, el motín de Arequito, la firma del Pacto Federal, el combate de Punta Quebracho y el Grito de Alcorta, por sólo mencionar algunos). Si esta rebelión hubiera sucedido en Buenos Aires, probablemente sería mucho más difundida y conocida.

Quizás, alguna vez, podamos asistir a la confección de un relato histórico “santafecéntrico”. Por ahora, nos tenemos que conformar con leer nuestra historia desde Buenos Aires. Allí se escribió.

(*) Abogado Docente Universitario – Investigador

 

 

diciembre 4, 2017