MACRI, COMO MENEM: “LO PEOR YA PASÓ, PERO VAMOS BIEN”

Por: Luis Contigiani

Decir que “Lo peor ya pasó” es faltarle el respeto a millones de argentinos que no llegan a fin de mes

Por el diputado nacional Luis Contigiani, acerca del discurso de Mauricio Macri en el Congreso Nacional

Tras escuchar el discurso del presidente Macri en la apertura de del 136° período de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación, lo primero que debemos decir es que el país que describe el primer mandatario no parece ser el mismo que viven día a día millones de argentinos, que ven como en materia económica muchas promesas de campaña en 2015 van quedando al descubierto, frente a una inocultable realidad: una pobreza que no cede, cuentas fiscales en creciente deterioro, el déficit comercial más elevado de la historia a partir de una irresponsable política de aliento a las importaciones, incapacidad para enfrentar el problema de la inflación con herramientas adecuadas, un dólar que se acelera a pesar del esfuerzo del Banco Central por contenerlo, tasas de interés incompatibles con el proceso de inversión, sector industrial en retroceso, pérdida de poder adquisitivo en amplias franjas de la población, etc.

El presidente, no obstante, inicia su discurso argumentando que “Lo peor ya pasó”. Como Menem, que nos decía que estábamos mal, pero que íbamos bien. Debemos decir que lo sentimos como una afrenta para una familia que no llega a fin de mes o un trabajador que quedó sin empleo por la suba de importaciones. Cuando se habla del crecimiento económico de 2017, debemos decir que no sólo fue dispar y basado en los sectores más concentrados, sino que apenas alcanzó a remediar la caída de 2016. Es decir, habiendo sido el país emergente más tomador de deuda en el planeta, la Argentina consiguió el año pasado volver a los guarismos de fines de 2015. Entre otros puntos, podríamos mencionar que la mitad del empleo creado, por ejemplo, fue a partir de monotributistas. Que más del 30 por ciento de la población, está por debajo de la línea de la pobreza.
Otro análisis que debemos hacer es que el modelo actual expresa el núcleo de la ideología liberal. La visión de que el libre juego de la oferta y la demanda, los mercados en libertad, nos conducirán en un supuesto largo plazo a un proceso virtuoso en beneficio de toda la sociedad. La famosa teoría del derrame, que no ha funcionado nunca a lo largo de la historia, en ningún país.

Bajo esta lectura, se reconoce que pueden producirse en el corto plazo algunos problemas, pero los mercados –con una cada vez menor participación del Estado- terminarán en el tiempo resolviendo todos los obstáculos, en beneficio del conjunto de la sociedad. En el corto plazo, mientras tanto, hay que aceptar un proceso regresivo en la distribución del ingreso, en beneficio de los sectores más privilegiados, que son los que se dice impulsarán con sus crecientes excedentes económicos, un proceso virtuoso de inversión.

La idea sería: “Dejemos que los ricos sean más ricos, ya que luego derramarán sus excedentes en el resto”. Mientras tanto, los sectores más postergados tienen que “bancarse” un ajuste inevitable, hasta que el modelo comience a derramar también hacia ellos. Por eso, incluso cuando señalamos los numerosos aspectos no resueltos en el presente, nos decían en los años 90 y parecen repetir hoy: “Aunque estamos mal, vamos bien”.

¿Hace falta decir que no estamos de acuerdo con este mensaje? No estamos sólo en desacuerdo con algunas medidas económicas de manera puntual. Estamos en desacuerdo con la hoja de ruta, que nos recuerda una frase que también hizo historia en aquella década del 90, de parte de quienes se oponían al modelo de Menem y Cavallo por ese entonces, y que de hecho compartimos ahora también nosotros: ¡Si al modelo le va bien, al país le va a ir mal!

marzo 1, 2018