Nahuel Levaggi: “Comemos a precio dólar: hay que transformar la matriz productiva”

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“Vinimos al Mercado Central para luchar por una sociedad más justa, lo que desde la alimentación significa entender el alimento como un derecho y generar las condiciones para garantizarlo”, dice Nahuel Levaggi fundador y coordinador nacional de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), desde las oficinas del quinto piso del Mercado Central de Buenos Aires que preside desde marzo. Un cargo que no imaginó desempeñar y que destaca es ocupado por la organización – que nuclea a 15.000 familias productoras de alimentos – y no por él a título individual.  

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Sus siete meses de gestión transcurrieron en pandemia. Algo que tampoco imaginamos. En ese periodo, entre otras iniciativas, impulsaron un Compromiso Social de Abastecimiento (acordar un precio sostén y semanal para cada producto entre los operadores para no caer en las experiencias fallidas de los precios máximos), generaron bolsones solidarios para distribuir a muy bajo costo en comedores y merenderos de barrios vulnerables –aún más castigados por la pandemia–; y crearon una Comisión de Género para dar apoyo, contención y capacitación a las y los trabajadores del predio, así como también para asesorar al Directorio. En un espacio donde históricamente los reclamos feministas no solían tener cabida, hoy la mitad del gabinete está integrado por mujeres.  

La semana pasada Levaggi participó en el Congreso de la presentación del proyecto de Ley de Acceso a la Tierra, que tiene como uno de sus objetivos, crear un Procrear Rural para que los pequeños productores tengan créditos blandos para acceder a la tierra en la que producen alimentos.  

Desde la UTT remarcan que “en la Argentina, solo el 13% de la tierra está en manos de pequeños productores que producen más del 60% de alimentos que circulan en el mercado interno, mientras que el 1% de las empresas agrarias controlan el 36% de la tierra cultivada en nuestro país”.  

Es la tercera vez que la organización presenta el proyecto, junto a varios legisladores. En las dos oportunidades anteriores no se avanzó en su tratamiento. Levaggi volvió a estar ahí, ahora no solo como integrante de la UTT, sino también como principal responsable del mercado que abastece a 14 millones de personas del AMBA y por donde circulan diez mil a diario.  

 

Mariana Percovich: Desde tu cargo de presidente del Mercado Central de Buenos Aires tenés una perspectiva diferente a cuando coordinabas la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT). ¿En qué cambió tu mirada de la cadena alimentaria argentina desde que asumiste en marzo?  

 

Nahuel Levaggi: La mirada de la comercialización se fortaleció. Por un lado, tiene que ver con la necesidad de los mercados concentradores para el abastecimiento de las grandes metrópolis. Nosotros históricamente tenemos en la UTT un planteo de acortar los canales, de buscar llegar directo del productor al consumidor. Pero en el caso de las grandes metrópolis, esto no solamente que no se contradice, sino que se complementa con la necesidad de mercados concentradores para el abastecimiento de millones y millones de personas. Los mercados concentradores son imprescindibles tanto para recibir lo que llega de distintos lugares del país como para que salgan de ahí hacía los negocios minoristas. Hay, por otro lado, una cadena de comercio más local, inmediato, del productor al consumidor en ferias, almacenes, mercaditos más locales. Y en el marco de las grandes metrópolis, esto se complementa con productor-mercado concentrador- negocio minorista. Y es una cadena racional. Lo importante es fortalecer la racionalidad, honestidad y transparencia en toda la cadena de comercialización.  

 

MP: En un contexto de pandemia los alimentos cobraron una mayor relevancia dentro de otros consumos. Sobre todo, en las primeras semanas de la cuarentena, cuando eran de lo poco que se podía comprar.  Se habló mucho de qué consumir, qué cocinar, qué comer. ¿Es posible abaratar y mejorar la calidad de la mesa de los argentinos? ¿Cómo?  

 

NL: Para abaratar y mejorar la calidad de la comida de los argentinos hay que empezar por transformar la matriz de producción. Hoy consumimos alimentos caros porque se produce a precio dólar. Y esto es así porque se produce con insumos dolarizados – químicos, agroquímicos, semillas modificadas por las grandes corporaciones –  y con el precio de la tierra muy dolarizado. Producimos y comemos a precio dólar. Entonces para abaratar y mejorar la calidad de la mesa de los argentinos y argentinas hay que transformar la matriz productiva. Tenemos que ir hacia una matriz soberana, agroecológica; y a la vez, fortalecer un proceso de educación de la alimentación.

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Porque no alcanza solamente con que los alimentos estén disponibles. Es necesario que haya una población con una cultura alimenticia capaz de utilizar los ingredientes. Para que no suceda que por estar apurados se tiren unos fideos a la olla y listo. Hay que incorporar más frutas, verduras, legumbres al momento de cocinar. Entonces, por un lado, hay una necesidad de modificar la matriz productiva; y por otro, hay una necesidad imperiosa de fortalecer una educación alimentaria, culinaria y nutricional, retomando mucho de los saberes preexistentes. En los últimos años se fortaleció un consumo compulsivo de comida chatarra y ultraprocesada, que genera mayores niveles de concentración en las grandes multinacionales agroalimentarias, y a la vez degrada la calidad nutricional de la comida con la que nos alimentamos.  

 

MP: ¿Qué actores tienen que estar fortalecidos para que se puedan hacer modificaciones en la cadena alimentaria argentina? ¿A quiénes querés como aliados en tu gestión al frente del Mercado Central de Buenos Aires?  

 

NL: Dos grandes actores tienen que estar fortalecidos. Por un lado, los pequeños productores, las cooperativas de producción de alimentos, y por el otro, una población educada y consciente sobre qué alimento pedir y cómo prepararlo. El gran aliado es el conjunto del pueblo que necesita alimentarse mejor y más barato. Toda política que nosotros llevemos adelante referida a fortalecer ese proceso de millones y millones de argentinos y argentinas genera una positividad en la gestión. La matriz productiva que es necesario transformar es la que está asentada en el modelo del agronegocio. Y el mejor aliado para combatir ese modelo es un pueblo consciente de cómo se alimenta, con qué se alimenta y con la necesidad de transformarlo.  

 

MP: ¿Algunas regiones del país presentan mayores ventajas para articular la producción de una manera en que se abarate y mejore lo que llega a la mesa?  

 

NL: Sí, claramente algunas regiones del país están en mejores condiciones. En todas hay que fortalecer la producción local.

Nosotros venimos desde la UTT remarcando la necesidad de las colonias agrícolas para abastecimiento local. Es una locura que haya pueblos que consuman alimentos que se producen a 400 kilómetros. Hay alimentos de producción intensiva –como algunas frutas, verduras, huevos, lácteos– que se pueden producir localmente. Nosotros proponemos que todos los pueblos tengan cordones de producción intensiva para abastecimiento local.

En los últimos años se han concentrado todas las producciones, no solamente la de fruta y verdura. Un litro de leche cuando llega a la mesa de un consumidor puede haber hecho entre 400 y 600 kilómetros de tránsito, entre que sale del tambo, entra a la procesadora, vuelve al mercado, se distribuye al minorista. Tenemos que lograr que en cada pueblo haya una cooperativa láctea que provea de leche al propio pueblo. Según la región, hay algunos alimentos que pueden ser de producción local y otros que no. Si vivís en Ushuaia no vas a producir banana. Si vivís en Entre Ríos, la pera y la manzana va a ser más difícil que salga. Algunas producciones tienen su particularidad regional, dado el suelo y el clima, pero para el resto hay que fortalecer la producción local.  

 

MP: ¿Cuáles son los ejes, las prioridades de tu gestión en el Mercado Central? 

 

NL: Nosotros vinimos al Mercado a fortalecer el rol social, o sea, el impacto del Mercado Central en la política alimentaria. Eso tiene que ver con la transparencia en la cadena de precios y la comercialización; y con la educación, la formación y la capacitación. En esa línea creamos la Gerencia de Alimentación Sana, Segura y Soberana. Dentro del mercado mismo iniciamos un ordenamiento con transparencia y honestidad en la gestión. Hay una comunidad muy fuerte del Mercado que ha sido olvidada durante muchos años, sobre todo los sectores más postergados, y para ellos estamos trabajando con políticas activas. Queremos valorar el trabajo del laboratorio de control de calidad. El Mercado cuenta con un laboratorio que analiza los agroquímicos y la microbiología de las frutas y las verduras, que es de primer nivel. Además, estamos construyendo una certificación de producción agroecológica y un plan de promoción y de capacitación en agroecología para productores 

 

MP: El Estado sigue ofreciendo casi exclusivamente productos secos y ultraprocesados en escuelas y comedores ¿Qué obstáculos hay para que empiece a comprar productos frescos?  

 

NL: Otra de las líneas de trabajo que tenemos es la constitución de una empresa –de una sociedad del Estado – que pueda proveer de alimentos al propio Estado. El Estado es uno de los principales compradores de alimentos y se abastece de grandes bolseros, de grandes intermediarios, que son los únicos que pueden sostener la tardanza en el pago del Estado. Eso hace que siempre queden afuera, como proveedores, los pequeños productores y las cooperativas, que no tienen la espalda financiera para aguantar los dos o tres meses que el Estado demora en pagar. Nuestro objetivo es constituir una empresa acá, en el Mercado Central, que pueda abastecer al Estado, y esté conformada por cooperativas y pequeños productores.  

 

MP: ¿Está calculado cuánto se tira a diario de frutas, verduras y hortalizas en el Mercado Central? ¿Cómo manejan esa problemática?  

 

NL: Estamos trabajando en ir hacia un mercado de residuos cero. Algo que nos ocupa la cabeza a muchos es la cantidad de materia orgánica y de alimento que se desecha. Toneladas y toneladas de frutas y verduras que no sirven para la comercialización, y que, por la dinámica y la velocidad, terminan tirándose. Antes de que se tire, queremos recuperarlo para direccionarlo al área de las donaciones, a los comedores con los que trabaja el Mercado. Es decir, que pueda ser entregado para que se consuma. Por otro lado, estamos viendo de armar una planta de elaboración para que lo que no sea posible consumir en ese estado, sea para consumo elaborado: dulces, conservas, salsas. Y, por último, lo que quede de todo eso, que vaya a una planta de compostaje. Empezamos las primeras tareas de separación en origen y en un solo volquete de las 18 naves, grandes galpones que tiene el mercado, vemos que se puede recuperar un montón de alimento antes de que vaya a la basura. Esa es una de las tareas importantes con la que estamos laburando.  

 

MP: ¿Qué te gustaría que quede de tu gestión cuando dejes el cargo? 

 

NL: Nosotros y nosotras llegamos al Mercado Central para continuar la militancia que venimos desarrollando y construyendo desde la UTT, que es luchar por una sociedad más justa. Una sociedad más justa desde la alimentación significa entender el alimento como un derecho y generar las condiciones para garantizarlo. Buscamos que el acceso a la tierra, la matriz de producción y la matriz de consumo puedan desarrollarse en el marco de entender que la alimentación es un derecho y hay que garantizarlo. 

octubre 28, 2020