TESIS 1 :: VIGENCIA DEL SOCIALISMO

.

.

TESIS – Son documentos partidarios del Partido Socialista del Uruguay.

Fueron aprobadas en el 47º Congreso Ordinario del Partido Socialista de Uruguay, 9, 10 y 11 Diciembre 2011. Con las enmiendas incorporadas por el Comité Nacional – “90 años de Vivian Trías”, 20 de octubre de 2012. Se las re-elabora cada 10 años. 

******************************************************************

TESIS 1

VIGENCIA DEL SOCIALISMO

 

La lógica del capitalismo atenta contra la civilización. El socialismo es una necesidad para la humani- dad y en la lucha por forjarlo se juega el destino de la vida en el planeta.

Como siempre sucede, la atribución de un significado a los significantes, o sea a las voces centrales del discurso, como es el caso de la palabra socialismo, depende de los diferentes actores y la lucha ideológica entre ellos será poder apropiarse de esa atribución.

O sea, que cada actor que compite en ese campo buscará que se imponga el significado que le atribu-ye a ese -y a los otros- significantes.

Para los socialistas uruguayos, y así lo establece nuestra Declaración de Principios, el socialismo es un proceso y un resultado a la vez, mediante el cual la democracia se afirma en lo político y se extiende progresivamente a lo económico-social, de tal manera que las condiciones concretas de la vida y del trabajo pasan a ser materia de decisión democrática, como opciones voluntarias y conscientes de la ciudadanía. La soberanía se ejerce en esas materias, de manera que la democracia predomina so-bre el mercado, la política sobre la economía y la ley sobre el contrato.

Pueden haber diferentes formas de propiedad, estatal, privada, autogestionaria y no desaparece el
mercado, pero progresivamente, la programación democrática que el conjunto de la sociedad estable-ce, determina sus alcances y sus límites.

Progresivamente, la propiedad de los medios de producción, de cambio, de comunicación y de creación de la riqueza en el más amplio sentido, debe tener un sentido social, donde la referencia central deje de ser el lucro individual para pasar a ser la riqueza colectiva.

El socialismo es entendido así como radicalización de la democracia, como un proceso que nunca concluye en tanto construcción desde la razón y la voluntad de la vida social.

 

En cada momento la voluntad democrática pauta ese proceso de avance, en un proceso de profundización de la democracia en las tres dimensiones que señalaba Frugoni-política, económica y social-a la cual hoy debe agregársele por lo menos una cuarta, la internacional.

Esto significa que sin democracia no hay socialismo, porque en ausencia de la misma, los agentes que controlan el estado, dominan y explotan a la población en su beneficio, por más que invoquen objetivos universales para fundamentar su accionar.

El socialismo se apoya en dos pilares: la socialización de los medios de producción y la democracia.

En ausencia de esta última, podrá haber estatización pero no socialización, la cual requiere el control y la posesión efectiva de dichos medios por parte de la sociedad organizada democráticamente.

Esto implica la posibilidad de elegir, a nivel local y de la sociedad en su conjunto, lo cual plantea la exigencia de la libre circulación de ideas, el pluralismo de ideas y de partidos y la posibilidad de la
alternancia de ellos en el gobierno.

La experiencia histórica es concluyente: el dominio totalitario de la burocracia del partido-estado en el llamado socialismo real, llevó al fracaso de estas experiencias de la transición del capitalismo al socialismo, transición que quedó detenida por estas contradicciones que implicaban también el freno de las fuerzas productivas. Pudo llegarse a la industria pesada, pero la creatividad e innovación que exige la revolución científico-tecnológica fue bloqueada en ese contexto.

O sea, las castas burocráticas, expropiaron la economía y la política a su favor, estancaron las fuerzas productivas y ante la crisis de esos modelos, en muchos casos prefirieron volver al capitalismo para conservar sus privilegios.

Por ese camino no se va al socialismo sino a la dictadura burocrática.

La crítica a fondo a esos modelos, imprescindible para no repetir errores, quedo en cierta forma postergada o diluida por la necesidad de enfrentar la ofensiva neoliberal que sucedió a la caída del socialismo real.

Cabe también la reflexión crítica en relación a las experiencias social-demócratas europeas, que si bien preservaron la democracia política y el sistema de libertades, no fueron capaces de modificar las bases estructurales del sistema capitalista.

Al mismo tiempo, las políticas de distribución que pudieron aplicar desde el estado de bienestar, estaban facilitadas en alguna medida, por la posición favorecida que ocupaba Europa en el sistema de
intercambios desiguales e injustos del planeta.

Aún con estas críticas y limitaciones, estas experiencias sobre todo en su versión escandinava, con un claro componente obrero, han significado la más aproximada conjunción de libertad y justicia social que ha producido la humanidad hasta el presente.

El socialismo no es solamente un sistema de valores democráticos, con independencia de la cuestión
de la propiedad.

Sin dejar de lado, por el contrario, jerarquizando la dimensión ética y cultural es también un proyecto de sociedad que progresivamente va superando la ley del valor y sustituyendo la explotación de la fuerza de trabajo por las opciones democráticamente decididas acerca del volumen y el destino del excedente generado por el trabajo de cada uno y de la sociedad en su conjunto.

En el contexto de la globalización, como desarrollo de las fuerzas productivas a escala planetaria, el
socialismo requiere de la dimensión democrática a escala internacional.

En tal sentido, los procesos nacionales deberán confluir a escala regional y más allá en el diseño de un mundo y una globalización, conducida con otra lógica que no será la del capitalismo, en un internacionalismo de nuevo tipo.

El debate debe situarse en la confluencia de estas dinámicas múltiples y complejas.

La experiencia histórica demuestra que sin democracia no hay socialismo y al mismo tiempo la democracia implica la posible alternancia con opciones no socialistas.

 

Construimos la democracia y el socialismo y podemos retroceder, más allá de que la lucha por la hegemonía y por el desarrollo del poder alternativo de los explotados y los sectores subalternos siempre persiste, en el gobierno o en la oposición. 

Y al mismo tiempo, el avance o retroceso a nivel regional o mundial, condiciona la posibilidad de avanzar o retroceder en estas dinámicas. 

O sea, el desafío para quienes nos planteamos alternativas pos capitalistas es como construirlas en democracia y en un mundo del que no podemos aislarnos.

Una conclusión es que en rigor nunca hubo socialismo, hubo intentos que fracasaron por la ausencia de democracia.

La fundamentación de la elección por el socialismo la ubicamos en lo ético y valorativo: es una opción superior de civilización que posibilita el desarrollo de la individualidad de los seres humanos.

No surge de una presunta inevitabilidad científica, lo inevitable no es el socialismo, sino el desastre planetario al que nos llevaría la mera lógica del capitalismo.

El cambio no es inevitable, depende de las voluntades humanas, de las voluntades colectivas. La política, en su más amplia acepción, es la clave para trazar el camino hacia una nueva sociedad. Y política significa la construcción de una nueva hegemonía, un profundo cambio cultural para “volver evidente “un nuevo “sentido común” que haga de la transformación hacia el socialismo un nuevo paradigma colectivo.

 

No se trata de que con el socialismo se resuelvan todas las contradicciones de la sociedad y de las personas.

No hay seres humanos trasparentes ni sociedades trasparentes, ni hay una relación directa y mecánica entre la sociedad y las dinámicas de cada persona.

La dimensión del poder, de la regulación, de la coerción estatal, de la política, en suma, siempre estará presente. Igualmente, siempre habrá conflicto, lucha entre deseos y prohibiciones, y sufrimiento a nivel individual o social.

Esto no inválida el valor de la utopía que nos fija horizontes superiores para hacer avanzar la aspiración de la emancipación humana.

Como lo son, los que implican superar las desigualdades, las injusticias y la alineación de la sociedad capitalista.

Elegir el socialismo, es simplemente afirmar que una sociedad organizada con un sistema superior de valores y conducida por la razón emancipadora y no por la obtención de la mayor tasa de ganancia, permite un desarrollo más armónico e integrado de la vida de las personas.

Preferimos hablar de socialismo en el siglo XXI y no de socialismo del siglo XXI, lo cual implica dos afirmaciones. La primera es que los pilares del socialismo, los conceptos fundamentales – otra cosa son las experiencias concretas con todas las variaciones de la vida, los tiempos y las latitudes – son los mismos en el siglo XX y en el siglo XXI.

 

Y en segundo lugar que no hubo socialismo en el siglo XX, hubieron experiencias bloqueadas. El socialismo real no fue socialismo. 

Hablar de los valores y el socialismo, conduce a la afirmación de los derechos humanos, políticos, sociales y de la llamada tercera generación, como los relativos a los temas ambientales.

El socialismo no puede conculcar tales derechos, los que no pueden quedar librados al interés del gobierno de turno, del mercado o de la herencia.

La dimensión ética nos lleva afirmar que estos valores no pueden condicionarse en función de los medios empleados. Cuando se pervierten los medios, también se pierden los fines.

Pueden limitarse las libertades económicas en base a los valores del desarrollo de la sociedad y de la justicia, pero no pueden cancelarse las libertades democráticas y políticas, aunque se justifique en presuntas metas socialistas.

Los socialistas no somos liberales, y en tal sentido vamos más allá de rechazar el neoliberalismo.

Compartimos con los liberales la valoración de la democracia política, pero nuestra afirmación de la democracia económica y social nos lleva a afirmar la necesidad de un marco regulatorio para estas temáticas, así como la del mercado, por la voluntad democrática.

Valoramos a la democracia representativa pero queremos articularla con expresiones de democracia directa con poder de decisión.

 

No concebimos un ser humano abstracto, anterior a la sociedad, el mismo es un producto social: su personalidad es un precipitado de múltiples determinaciones donde tienen su lugar tanto las dinámicas macrosociales vinculadas al contexto histórico y cultural, como las dinámicas psicológicas vinculadas a las identificaciones con otros seres humanos.

Esto potencia nuestro histórico compromiso con los derechos humanosDentro el campo de los que defienden la democracia política, puede hacerse la distinción entre liberalismo y republicanismo.

Los primeros defienden un estado mínimo y la libertad para ellos es libertad negativa, vale decir, la ausencia o fuerte limitación de las intervenciones del estado.

Para el republicanismo, por el contrario, el ser humano se desarrolla con los otros, y la participación política es un deber pero también estimula el desarrollo personal. La libertad es negativa- ausencia de coerción- y también positiva, poder desarrollarse.

En suma, nosotros queremos la igual libertad para todas las personas, la síntesis de libertad e igualdad que planteaba Bobbio.

En otra dimensión pueden verse las diferencias con el liberalismo. Esta concepción separa la sociedad civil- el reino de la vida cotidiana donde las personas trabajan, producen, son explotadas, se agrupan, etc. y la sociedad política, donde se toman las decisiones como ciudadanos con iguales derechos y posibilidad de votar.

De esta forma, esta separación que afirma el liberalismo, contribuye a ocultar y legitimar estas profundas desigualdades.

En la visión totalitaria del llamado socialismo real, desaparecía toda vida propia y autónoma de la sociedad civil, controlada por el estado omnipotente.

Para nosotros, por el contrario, se trata de aproximar y articular ambas instancias. Socializar el estado, acercarlo a la sociedad y politizar a la sociedad civil, extender a ella la política y la democracia.

Para referirnos a esta concepción, que es nuestra vía de aproximación al socialismo, el PS ha acuñado desde 1979 la expresión Democracia sobre Nuevas Bases (DSNB) 

Resulta de todo lo anterior que la marcha hacia el socialismo, implicara un largo transito con avances y retrocesos, cuyos tiempos no podemos prever. En él, coexistirán en pugna, diferentes proyectos y modelos, sistemas de valores e ideales y también formas de propiedad.

Aproximarse a consolidar una transformación profunda y radical de la política, de la economía y de la vida social, incluyendo la hegemonía de la propiedad social y la hegemonía cultural de un sistema alternativo de valores e ideas, podrá suponer momentos de mayor enfrentamiento con la derecha política y social, que un nuestra visión, deberán resolverse en el campo de la democracia.

 

Todo esto, encuadrado y condicionado por el contexto regional e internacional, lo que no significa desconocer la necesidad de avanzar dentro de nuestras fronteras todo lo más que podamos en ese proceso.

Tampoco podemos descartar que surjan momentos de aceleración, en los cuales, en poco tiempo, se condensan décadas, donde los factores en juego, incluyendo el peso de lo inesperado, pueden llevar a resultados que antes eran considerados imprevisibles.

El futuro no está escrito, ni disponemos de cosmovisiones o de claves maravillosas que diseñen todas las variables de todos los momentos del porvenir.

Nuestras herramientas son nuestros sistemas de valores e ideales, toda la herencia del pensamiento socialista, crítico y emancipatorio y las enseñanzas acumuladas de las luchas populares y las experiencias en nuestro país, la región y el mundo.

julio 10, 2019

Deja un comentario